COLUMNA DE OPINIÓN – CORONAVIRUS EN CHILE, LA CRISIS PERFECTA:
“EL SALVAVIDAS DEL GOBIERNO DE PIÑERA QUE PARÓ EL ESTALLIDO SOCIAL”
por Rodrigo Lobos P.

En estos momentos la crisis sanitaria se agudiza y la pandemia de Coronavirus en Chile no da tregua. Nuestra red de salud público/privada está al borde del colapso y aunque somos testigos del traslado de pacientes “menos grave” a regiones para dar un respiro al sistema, lo cierto es que la jugada es cosmética y no admite errores.

El drama de la “última cama” ya es una realidad. Los servicios de urgencia no dan abasto y las ambulancias deben esperar largas horas con pacientes graves para ser ingresados. Los equipos médicos enfrentan la dura tarea de decidir que paciente califica, vale decir, que enfermo es prioridad para ser conectado a ventilación mecánica.

En Chile muere una persona por Covid-19 cada treinta minutos (más de mil fallecidos a la fecha) y la radiografía país es poco alentadora: una red de salud saturada a su máxima capacidad y más de cinco mil contagios diarios. A día de hoy se ha sobrepasado los cien mil contagiados e increcendo. Más de cincuenta muertes por día. Todo va en aumento y sin freno.

Un panorama nada halagüeño si consideramos que las cifras representan una fotografía desfasada del duro momento que enfrentamos. Si extrapolamos las cifras, podemos proyectar que al menos existen cuatrocientos mil contagios no detectados. La mayoría de ellos asintomáticos que van propagando el virus sin saberlo.

Ahora saltan a la memoria conceptos como: “nueva normalidad”, “retorno seguro”, “meseta controlada”, “cuarentenas selectivas”, “la necesidad de rescatar la economía” y un largo etcétera. Dicha dinámica nos tiene contra las cuerdas. Zafando casi de milagro de caer a la lona por un duro knock out. Algo totalmente predecible si consideramos que durante meses fuimos espectadores de la cruda experiencia sanitaria mundial.

Sin soluciones a la vista, una vez más el presidente chileno Sebastián Piñera alude al enemigo poderoso y llama a la unidad para derrotarlo, un discurso recurrente desde el Estallido Social.

La pregunta de rigor es: ¿qué salió mal en la lucha contra el coronavirus en Chile? ¿De qué sirvió la cruda experiencia mundial y las reuniones que definían las medidas de gobierno para enfrentar la crisis? ¿En qué falló el plan de “administración de la pandemia” y las “cuarentenas selectivas”? ¿Acaso no se tuvo en cuenta criterios básicos técnico – sanitarios?

Ahora resulta fácil y antojadizo reconocer que nadie estaba preparado para enfrentar la pandemia o en palabras del Ministro Mañalich, reconocer que fue “seducido por fórmulas epidemiológicas que hoy se desmoronan cual castillo de naipes”.

Todo mentira señores, una burda y cruel mentira. La única certeza respecto de la pandemia, confirmada científicamente, es que la propagación de los contagios se produce de persona a persona. ¿No bastaba entonces con cerrar las fronteras del país y forzar a realizar una cuarentena obligatoria a quienes retornaban de vacaciones?

Dicho esto, y sin afán conspiracionista, podemos inferir que la opción de gobierno fue abrir las puertas de Chile al coronavirus. ¿Quién podría culparlos ante una amenaza que derivó en pandemia mundial? ¿Será que el fin justifica los medios?

Lo cierto es que ya no hay margen para errores con el coronavirus en Chile, mucho menos para especular con soluciones improvisadas. Por eso las ayudas anunciadas con “bombos y platillos” debían ser sólidas o al menos inmediatas. Situación que no ocurrió. De ahí que el “quédate en casa” y “respetar la cuarentena” se desvanecían en un discurso ambiguo, carente de empatía y poco apegado a la realidad de miles de hogares.

Es fácil llamar a cumplir la cuarentena en Chile desde la comodidad y el resguardo financiero. En la otra cara de la moneda, una gran mayoría de chilenos debe romper el confinamiento para llevar un plato de comida a casa. Estamos ante unos gobernantes que no ven la realidad y traspasan la responsabilidad del momento a los ciudadanos.

La encrucijada de la pandemia tiene al país contra la espada y la pared. En las calles esta el virus y la posibilidad real de enfermar. Dentro de casa se siente el hambre, desesperación y angustia de ver a tus hijos sin alimentos. En definitiva no hay trabajo, dinero, ni comida.

En este contexto cae mal la proyección de la palabra HAMBRE en la torre del Edificio Telefónica por parte de Delight Lab. Sin duda generó más de un disgusto en La Moneda (Palacio de Gobierno). Nuevamente los culpables son los mismos de siempre, “la gente no entiende” dicen políticos. Lo propio hacen dueñas de casa que critican la desobediencia social mientras les llega a la puerta de casa la compra que hizo on-line y que pagó con su tarjeta de crédito.

El hambre, un tabú para el gobierno de Piñera

Nuevamente quedan al descubierto desigualdades consagradas en la constitución del 80 aprobadas bajo la dictadura de Pinochet. Surgen las campañas sanitarias, “sin licitaciones” y con facturas de cuatrocientos millones de pesos (500 mil euros). En ellas te llaman a lavarse las manos con frecuencia y jabonarse al menos treinta segundos.

¿Sabrán los genios publicitarios del gobierno que el país enfrenta una sequía extrema agudizada por el “saqueo” de aguas con fines agrícolas? ¿Cómo aplicamos la campaña “lávate las manos” en la provincia de Petorca (Quinta Región), que tiene la peor sequía en 700 años?

El mundo paralelo en el que vive la elite chilena y el gobierno es una cruel bofetada para miles de compatriotas que deben hacer sus necesidades básicas en bolsa porque el agua está secuestrada por las grandes productoras de aguacate/palta en la región.

Mira aquí el documental de la BBC sobre el “oro verde”: la palta en Chile

Por otro lado, el presidente hace anuncios sin sentido y son los ministros los que deben salir a explicar la fórmula y su implementación. Lamentablemente nos damos cuenta que los anuncios no son tal. Por ejemplo, el ingreso familiar de emergencia es una migaja (menos de 100€), y que el fondo FOGAPE no llegará a todas las pymes por lo que dificilmente podrán sobrevivir a la crisis.

Que decir de “las 2 millones de cajas de alimentos” que el gobierno iba a entregar que ahora solo cubrirán el 70% del 40% más vulnerable y no al 70% sector más pobre, como se dijo en un principio. Todo un despropósito y anuncios para la tribuna.

Ya habrá tiempo para que el gobierno explique por qué no se depositó el dinero directamente a las chilenos, propiciando una reactivación del comercio local.

Por el contrario, se privilegió la compra al por mayor – mil setecientos millones de pesos (2 millones de euros)- a un amigo personal del presidente. El mismo al que se encargó montar el stand de Chile en la Expo Dubai 2020 y que producto de la pandemia se suspendió. Me refiero al empresario del holding SMU, Álvaro Saieh, dueño de supermercados Alvi. La premisa “una por otra” toma cuerpo y genera suspicacias.

Las excusas del gobierno para entregar las cajas de caridad eran evitar que la gente rompiera la cuarentena. Un absurdo si consideramos que cada ciudadano tiene derecho a salir por insumos básicos dos veces por semana.

Otro argumento para esta acción fue la posibilidad de conseguir mejor precio por volumen de compra. Mentira, ya que se pagó a treinta y tres mil novecientos noventa pesos por caja y tampoco estaba cubierta su distribución. De nuevo estamos ante un gasto adicional, otro negociado que no consideró la urgencia inmediata de los chilenos.

En tanto el ministro de Economía, Lucas Palacios, dejaba en evidencia a la administración al declarar que debido a la logística implícita en dicha compra, sólo se habían podido adquirir quinientas mil cajas. Si a ese gran detalle sumamos la cuarentena obligatoria y el hecho que ni siquiera estaba coordinada la entrega de los alimentos, la incertidumbre experimentó un rebrote y las protestas se hicieron notar en las comunas populares de El Gran Santiago como: El Bosque, San Ramón, Puente Alto y La Pintana.

Mira como cubrió la prensa internacional la violencia en Chile por el Hambre.

Sin duda, la llegada del coronavirus en Chile exacerbó las desigualdades y dejó en evidencia la precariedad del oasis neoliberal. Chile vive con pensiones miserables, salud precarizada, sueldos de subsistencia, el alza constante en el costo de la vida, corrupción en intituciones policiales, etc.

Cómo olvidar el Estallido Social y la retórica de gobierno declarando la guerra a un enemigo invisible y poderoso al que no dudó en atacar con todo con el fin de quebrar su espíritu. Una primavera (18 octubre del 2019) marcada por centenares de traumas oculares, tortura, violaciones, daban cuenta de un Estado represivo que rápidamente generó un repudio generalizado.

Hoy bajo la Pandemia Covid-19 nuevamente el magnate Piñera trae a la palestra el mismo lenguaje combativo. Para él hay un nuevo enemigo invisible, poderoso y se requiere la unidad de todos para superar la Pandemia. Como si el mero discurso fuera suficiente para convocar lealtades fracturadas.

Manifestaciones en chile Chile Despertó de la dictadura
Protestas contra el sistema neoliberal que impuso el dictador Pinochet. Foto Rodrigo Lobos

El problema es que el presidente Sebastián Piñera no escucha. A su vez, no duda en pedir confianza y criticar cualquier voz disidente que contradiga las poco acertadas medidas de contención y respuesta ante la pandemia.

Su ministro de salud, Jaime Mañalich, evitó decretar cuarentenas totales frente al alza del coronavirus en Chile, que hoy suponen el sostén de la estrategia sanitaria de gobierno. En el pasado quedaron el “retorno seguro”, “nueva normalidad”, la reapertura de malls, el comercio, la vuelta a clases y la necesidad de reactivar la economía.

En dicho contexto, según el presidente de la Cámara de Comercio, Carlos Soublette, “las cifras de cesantía se elevarán entre un 15% y un 20%, con una caída acumulada del IMACEC (Indicador actividad economica) de mayo de un 13%”, el panorama no es prometedor.

Paradójicamente y tras las primeras medidas de confinamiento obligatorio, el alza de precios pasó desapercibida. Pensar que el estallido social se detonó por el alza de treinta pesos en el pasaje de Metro.

El pánico colectivo -generado por la pseudopandemia del miedo- abarrotó supermercados desatando compras compulsivas y nadie parecía notar que todos los productos subiesen entre un 100% y 300%, llegando incluso a un mil por ciento más caro de lo habitual.

En palabras de Hernán Calderón, presidente de CONADECUS, bajo Estado de Catástrofe el gobierno cuenta con todas las herramientas para establecer la fijación de precios de productos básicos esenciales. Asi se impedirá el aprovechamiento de inescrupulosos que lucran con la desgracia colectiva. “Lo que hace falta es que el gobierno se ponga los pantalones y fije una banda de precios que frene en seco dichas conductas”, declaró Calderón.

En la otra vereda, Lucas Palacios, Ministro de Economía plantea todo lo contrario: “nosotros consideramos que es contraproducente el fijar precios. Eventualmente podría generar un quiebre de stock y un mercado negro que no garantiza las condiciones de abastecimiento”.

¿Cómo es posible que el gobierno no pueda tomar las riendas y rayar la cancha frente a especuladores y acaparadores industriales?

Aquí ha faltado carácter y voluntad presidencial para llamar a cuadrarse a todos los actores preponderantes de la escena nacional. Buen ejemplo de ello es la Banca, que está impidiendo la entrega de créditos con aval del Estado. Asimismo, muchos querrán sacar provecho de este desastre como farmacias, super, narcos, etc . El futuro que se avecina es lúgubre, precario e incierto.

Donde las papas queman es costumbre que sólo el pueblo ayude al pueblo

Como siempre la solidaridad del pueblo chileno regala una pequeña luz de esperanza a poblaciones enteras. Gracias al fortalecimiento de las organizaciones sociales y el regreso de las míticas ollas comunes, alimentan la esperanza y la barriga de miles de compatriotas de los rincones en los que la ayuda del gobierno no llega.

Un claro ejemplo de aquello han sido los mil quinientos kilos del pescado ‘Reineta’ que Caleta Lebu (Región de Bío Bío a 600km al sur de la capital) donó a la comunas populares de El Bosque y La Pintana, en momentos que el hambre azotaba a sus vecinos.

Chile es un paciente crítico y requiere atención UCI, ya no hay margen para errores. La crisis económico-sanitaria debido al coronavirus en Chile tiene agonizando al país. Pero puede ser el punto de inflexión, una oportunidad que nadie sospechó.

La pobreza y hacinamiento no son temas nuevos Ministro Mañalich, siempre estuvieron ahí, solapadas en cuotas mensuales con intereses usureros.

Ahora debemos aprovechar el momento crítico para refundar las bases de una sociedad renovada, justa y digna para todos.