Sprinters trae de vuelta el infierno de Colonia Dignidad en Chile

A principios de los años sesenta del siglo pasado un grupo de inmigrantes alemanes se asentaron en una localidad del interior de Chile, cerca de los Andes, llamada Parral y fundaron Colonia Dignidad (1961). Durante décadas se presentaron como una modélica comunidad agrícola, hasta que los testimonios de algunos colonos prófugos revelaron el horror que se vivía dentro de sus muros.

niños Colonia Dignidad

niños Colonia Dignidad

El fundador, Paul Schäfer, un ex militar nazi (para muchos un carpintero cojo que nunca fue a la guerra), abusó sistemáticamente de todos los niños y niñas que vivieron allí. Además colaboró con el régimen de Pinochet poniendo la Colonia a su servicio para el tráfico de armas y como centro de tortura de disidentes.

La escritora y periodista chilena Claudia Larraguibel, estuvo 7 años investigando a este grupo de inmigrantes alemanes y publicó el año pasado una interesante novela llamada Sprinter, que engancha rápidamente y se lee de forma fácil, lo que se agradece. En España está en las librerías desde el 30 de abril gracias la editorial Salto de Página.

“Más que contar los crímenes que se cometieron en la Colonia, yo quería mostrar como piensa, vive y sobrevive una persona completamente aislada del resto del mundo”, declaró Larraguibel, quien también explica que ‘Sprinters’ se le llamaba a los niños chilenos como alemanes de entre 8 y 14 años que trabajaban como correos humanos, cercanos al ex líder de la secta, y a los cuales abusaba.

“Es un enfrentamiento entre dos personas, dos mujeres, una libre y otra no. ¿Pero es verdad esta definición? ¿somos libres de verdad quienes estamos fuera de la colonia?”, pregunta Claudia.

Larraguibel da forma a la historia tomando como punto de partida la misteriosa muerte de un niño durante una cacería y su propia experiencia. Sprinters comienza cuando una joven periodista, hija de exiliados, regresa a Chile para escribir el guión de una película sobre Colonia Dignidad en el momento en que se empieza a levantar el manto de impunidad que cubrió este enclave durante décadas. A medida que avanza la investigación, la narradora conoce a una colona que la llevará por un camino insospechado, hasta encontrar las huellas de Paul Schäfer y de la DINA, y el rastro del niño desaparecido.

Paul Schäfer Schneider / Colonia Dignidad

Paul Schäfer Schneider / Colonia Dignidad / youtube DW

La escritora visitó en 2006 la villa para entrevistar a antiguos y actuales colonos. “Muchos viven en malas condiciones. Otros no han recibido las indemnizaciones por haber sufrido abusos. Los lectores vivirán una situación de incomodidad por como han sido dejados a la intemperie por el gobierno chileno y el país que no se interesó en reinsertarlos en la sociedad”, señala la periodista y agrega que “es un caso que todavía no se ha cerrado, aún quedan procesos judiciales abiertos y muchos líderes escaparon a Alemania y no cumplieron una condena… “.

En la actualidad, la ex colonia ahora se llama Villa Baviera y está orientado al agroturismo. Sólo quedan trabajando ancianos. Y la impunidad sigue viva en Chile, ya que  Colonia Dignidad se ha basado en varios subterfugios legales  para no indemnizar a las víctimas de abusos sexuales de Paul Schafer.

Chile, una país oscuro y homofóbico 

El 26 de julio de 1997, Salo Luna y Tobías Müller huyeron de Colonia Dignidad en plena consolidación de la Democracia en Chile. La fuga se convirtió en un revuelo político y mediático puesto que se confirmó todo lo que se especulaba alrededor de Paul Schafer, que secuestraba a los menores para violarlos y abusar de ellos. Pero la sociedad chilena reaccionó negativamente: los jóvenes, que tenían 18 años, fueron brutalmente denostados, se mofaron de ellos y sufrieron un dolor muy grande por el trato.

“Tuvieron muchas agallas estos dos jóvenes. La prensa y la sociedad del momento no les creyeron, se rieron de ellos por haber pasado por estos abusos. Ahora Salo Luna sería un héroe, pero en ese momento todos hacían chistes clasistas, homofóbicos y se preocupaban más de si eran parejas. También criticaban el teñido del pelo de los chicos. Las burlas eran brutales”, critica Claudia.

El tema de Colonia Dignidad volvió a los medios el año pasado después de que Emma Watson y Daniel Bruhl protagonizaran la película del mismo nombre, producida por Hollywood.  “La película es horrible, llena de tópicos, mal guión y cosas que no tienen ni pies ni cabezas. Lo único bueno es que puso el tema de nuevo en los medios y se ha podido volver a pelear por las indemnizaciones que merecen quienes sufrieron con esta secta”, declara Claudia.

Larraguibel también recalca que la impunidad que hay en torno a este caso llega a un alto nivel. Por ejemplo, el actual ministro de Justicia Hernán Larraín, nombrado por el presidente Sebastián Piñera, fue un apoyo y amigo del Colonia Dignidad por muecho tiempo.

Inmigración negra o rubia

“Es interesante ver que en Sudamérica todo lo que venga de Europa, sea rubio o alemán, es bien recibido en el continente porque aporta dinero, etc. Colonia Dignidad nunca fue cuestionada aunque se sabía que pasaban muchas cosas malas ahí. Incluso antes y después de Pinochet  se conocian los delitos pero no eran investigados porque eran alemanes”, apunta Larraguibel.

“El chileno es muy isleño, vive en otro mundo, escondido de todo lo que pasa más allá de la Cordillera”, señala Claudia para explicar los ataques de los chilenos contra la inmigración haitiana y colombiana que crece a pasos agigantados en el país andino. “La inmigración salvará a Chile. Renovará el país y le dará mas color. Todo lo que se dice de lo malo que es la inmigración es un invento. Creo que al final el chileno entenderá que es para bien la llegada de los nuevos ciudadanos”, dice.

En Venezuela no gobierna nadie

Antes de vivir en Madrid y en Santiago de chile, Claudia vivió siendo pequeña en el país caribeño como exiliada y se apena mucho con la situación actual de los venezolanos. “En Venezuela hay un gobierno que no gobierna. En 1996, cuando me fui del país estaba Chavez y no era todavía un desastre. Es un país tan rico que se ha transformado en algo que no reconozco. Para reconstruir el país se necesitará por lo menos 10 años pero hay que ver que hace Maduro. La oposición tampoco ayuda mucho”.

Sprinters pasa con naturalidad de la ficción a la no ficción, en una historia fascinante, que se lee como un viaje a los abismos del mal. Nos plantea preguntas incómodas sobre la indolencia y la complicidad de todos los que prefieren no ver, y sobre cómo el terror se encuentra cómodo en esas condiciones.

Author: Prensa

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