Svetlana Alexiévich (Stanislav, Ucrania soviética, 1948) es la autora de una enciclopedia de cinco libros que cuentan con todo lujo de detalles la vida y muerte del imperio rojo soviético. Una época donde el hombre vivía con una idea que desapareció tras la caída del muro de Berlín y que dejó al país eslavo en la miseria.
Los 5 documentos que escribió son extraordinarios: La guerra no tiene rostro de mujer (1985), Los muchachos de Zinc (1990), Fascinados por la muerte (1994) de Voces de Chernóbil (1997), El fin del Homo sovieticus (2015) . En el libro sobre Chernóbil, una obra maestra, la escritora Svetlana Alexiévich recopila valiosos testimonios de las víctimas del accidente de la central nuclear, del que se acaban de cumplir 30 años.
Por su parte, la periodista Svetlana Alexiévich se considera pacifista. Piensa que lo que hay que matar son las malas ideas no a la gente. «La gente tiene que hablar. Las mujeres lo sabemos mucho mejor ese tema», explicó.
Svetlana es bielorrusa y Premio Nobel de Literatura 2015 y aprovechó de visitar España para contar su experiencia como jornalista y espectadora de primera mano de Chernobyl y la ineptitud del sistema comunista.
Es una mujer tan fuerte, inteligente, filósofa, que no dudó en responder las decenas de preguntas que los madrileños le hicieron en el Edificio Telefónica, lugar donde dio una conferencia. Acá os dejamos algunas citas extraordinarias.
Svetlana Alexiévich: La historia que yo escribo es la historia omitida
Svetlana Alexiévich: “ La historia mundial te habla de la batalla de Stalingrado. Para mí lo más importante es el mundo interior y los sentimientos de la gente. Parece que van a pasar 100 años después de la guerra y este libro seguirá siendo interesante porque es el mundo interior de la gente, la que no quería ver morir a los pájaros”.
Svetlana Alexiévich: “Cuando empecé mi primer libro `La guerra no tiene rostro de mujer`, aún estábamos en la época soviética, una época muy masculina. Las mujeres no existían después de la guerra, nadie las escuchaba. Ellas tuvieron que esconder sus cartillas de minusválidas y sus medallas y seguir siendo mujeres, abuelas, madres. Han sido privadas de su pasado. Muchas lloraban de alegría cuando alguien venía a hablar con ellas, otras se negaban porque no querían volver al infierno que habían vivido. Había algunas que habían sufrido tanto que no querían que este sufrimiento se enterrara con ellas”.
Svetlana Alexiévich: “Me acercaba a estas personas no como terapeuta, sino como una persona de otra generación que se les acercaba queriendo saber sobre la verdad de la guerra. Mi infancia transcurrió en una aldea de Bielorrusia donde vivían muchas mujeres. Un cuarto de bielorrusos murieron en la Segunda Guerra Mundial. Yo recuerdo la guerra por los relatos de las mujeres, de las ancianas, que contaban historias en mi aldea. Estos relatos me impresionaron mucho. Mis padres eran maestros de la aldea y por eso mi casa estaba llena de libros. Sin embargo la fuerza de la calle era más fuerte que los libros y me interesaba saber por qué la gente se mata, por qué esta barbarie sigue y sigue legitimada. Por qué los rusos idolatramos al dios Marte».
Nunca me interesaba la heroicidad, aviones abatidos sino las historia comunes …
Svetlana Alexiévich: «Recuerdo cuando hablaba con estas mujeres, que nunca hablaron de la guerra como una proeza ni como heroísmo masculino, sino siempre hablaban de las guerras como un asesinato. En los relatos de las mujeres siempre hubo compasión y lástima por la vida del enemigo, algo que no encuentras en los relatos masculinos”.
Svetlana Alexiévich: “No quiero presentarme como una super mujer, en mi opinión un cirujano oncólogo de un hospital infantil ha visto muchas más pesadillas que yo. Por es muy duro tener que salir y decirle a una madre que su hijo tiene cáncer. Sí, a mí me persiguieron y me amenazaron en las guerras y me juzgaron por mis libros, tuve que pasar por la emigración pero forma parte de mi profesión tal y como la entiendo, forma parte de la honestidad que es consustancial de una profesión intelectual”.
Svetlana Alexiévich: “Cuando estaba en la guerra de Afganistán a mi lado solo había hombres con actitud arrogante hacia las mujeres, como diciendo, ‘¿de qué puede escribir una mujer en la guerra?’ Pues yo escribía sobre mujeres. Una vez me mandaron a ver las armas incautadas de los yihadistas. Me quedé impactada por la belleza de las armas, de las minas».
-SA: «Se ve que los diseñadores se tomaron su tiempo para hacer las armas. Se lo dije a la persona que estaba a mi lado y esta persona me contestó: ‘si una persona pisa una mina tan bonita como esta quedará reducido a medio cubo de carne’. Esta misma persona me ofreció ir a ver los restos de las personas que habían explotado por una mina. Era una broma por su parte, pensaba que yo no iría con 50ºC. Decidí que si servía a la verdad tenía que ir. Fui allí y ví un espectáculo abominable. Los soldados tenían que recoger a sus compañeros con cucharas para enviar algo a las madres».
Svetlana Alexiévich: «No soy fuerte, he visto de todo, pero este cuadro me hizo desmayarme y me puedo imaginar cómo en una aldea la mujer está esperando a su hijo y lo que va a recibir. Después de todo esto yo tenía que volver a casa, recuperar esto en mi memoria y escribir. Ciertamente es un camino muy difícil y últimamente me estoy dando cuenta de que mi capa de protección está perforada. Ya no me atrevería a entrar en un hospital con soldados sin brazos y sin piernas cuyos padres les habían abandonado porque no sabían qué hacer con ellos. Ahora no me atrevería a entrar para hablar con ellos. Si abres el corazón de una persona no puedes echarte a llorar, tienes que terminar tu trabajo. Lo mismo me proponía yo, hice todo lo que pude. No sé si podría haber hecho algo más”.
Yo me acerco a la gente como amigo, no oculto nada cuenta Svetlana Alexiévich
Svetlana Alexiévich: “No creo que haya un secreto de comunicación con el lector. Yo me acerco a la gente como amigo, no oculto nada. Yo no hago una entrevista, simplemente hablo con las personas. Hablo con los campesinos de Chernóbil, hablo con una chica que sufrió la guerra. Me siento para escuchar a esta anciana que dio a luz a una niña sin brazos que me cuenta cómo se vio bajo la lluvia de Chernóbil y le advirtieron que no diera a luz, pero ella quería dar a luz y dio a luz una niña minusválida. Debes ser humilde y conocer tu lugar al lado de este dolor. Nunca puedes ser más grande que este dolor. Tienes que escuchar a estas personas que van a desaparecer en la oscuridad de la historia. Te das prisa para que estas personas no se vayan sin hablar”.
Svetlana Alexiévich: “Uno de los pilotos que apagaron el incendio en Chernóbil me llamó para decirme que quería contarme lo que pasó en el reactor. Yo le dije que no tenía tiempo y sus respuesta fue contundente: ‘el que no tengo tiempo soy yo, que me queda poco’ Entonces comprendí que él tenía mucho menos tiempo que yo. Vi a una persona enorme y extremadamente delgado que me dijo algo que me impresionó. ‘Apunta todo lo que te diga. No lo hemos entendido todo. Chernóbil es el futuro. Puede que incluso cuando lo publiques no lo entiendas, pero la gente del futuro lo entenderá’. Por eso yo siempre sabía que trataba con testigos exclusivos».
NO HAY NOSTALGIA DE LA URSS
Svetlana Alexiévich: “No hay nostalgia de la URSS. Cuando recorrí las universidades y residencias de estudiantes rusos vi muchos libros de Marx, Trotski y Gramsci, de todas estas personalidades he oído las mismas discusiones. Cuando les preguntas, los jóvenes consideran que sus padres no pudieron salvar este gran país y que es necesaria una nueva revolución. Esta nostalgia es porque el país fue destruido y robado. Si sales de San Petersburgo vés un país miserable, donde la gente lucha por sobrevivir. Hay muchos perdedores y muy poca gente exitosa. El 7% de la población tiene toda la riqueza rusa. Una parte de personas han podido crear una fortuna de forma honesta también, pero la mayoría de la gente no quería capitalismo».
Svetlana Alexiévich: «En los años 90 cuando los romanticos recorríamos las plazas llamando la libertad no queríamos el capitalismo, sino queríamos un socialismo con rostro humano. Sin embargo hemos sido sumergidos en un capitalismo bastante crudo, no el de Suecia o Alemania, sino un capitalismo de los años 30 como el que se dio en Chicago, que dejó a la gente pasmada, desorientada. Rusia vive con este sentimiento de pérdida, de derrota y de rencor porque no se sabe cuando podremos volver a ser como los demás, y volver a disfrutar de un país democrático».
Putin aprovechó la desorientación y estado de confusión para lograr el poder según Svetlana Alexiévich
Svetlana Alexiévich: «Putin aprovechó la desorientación y estado de confusión para reorientar este descontento hacia afuera, hacia un enemigo externo como USA y Europa. El país vive una especie de movilización total sintiéndose como una fortaleza asediada. Piensan que todo el mundo quiere quitarnos lo nuestro, quitarnos nuestras riquezas de Siberia, que quieren humillarnos y ponernos de rodillas. Esta es la actitud de las mismas personas que en los 90 querían democracia y ahora quieren una gran Rusia. Este patriotismo incluye cosas que verdaderamente dan miedo».
Svetlana Alexiévich: «No trato a la gente como víctimas, lo más importante de mi trabajo es ese, no llorar a las víctimas. Quería que la gente se eleve más allá de su dolor, que reflexione sobre su vida. Las víctimas se sienten incompletas. Yo les traté como seres humanos que han podido conocer todo el dolor, que han podido sobreponerse a su miedo y levantarse. Solo el amor puede salvarnos. Intento que la gente se eleve con sus sentimientos y no sienta venganza».
Svetlana Alexiévich: «El hombre es un rehén de la guerra. No se como lo sienten en España. En Rusia siempre le dicen al niño que va a ser soldado y que debe defender a la patria. El asesinato y la violencia siempre están presente en su conciencia. Su mente lo ve como normal. Sin embargo, la mujer rusa no lo ve como algo normal. Por ejemplo, cuando los nazis invadieron Moscú en 1942, las mujeres recordaban todo pero nunca lo vieron vieron la defensa de la ciudad como algo heróico sino como asesinatos».
Comunista es el que ha leído a Marx, anticomunista es quien lo ha comprendido
Svetlana Alexiévich: «Dostoievski escribió muy bien sobre este tema: «los niños de las tabernas siempre estarán soñando con una nueva revolución». Porque la gente quiere igualdad y justicia pero quizás hay otro camino. Las nuevas generaciones se comportan de una manera como si el pasado y la experiencia no existieran. Hacen caso omiso a los trabajos forzados de Stalin, de la violencia de Trotsky, etc. Ellos dicen que los mayores lo hemos hecho mal todo y que ellos lo harán bien. Esta altivez y arrogancia es una características de la nuevas generaciones».
Svetlana Alexiévich:»Mi padre murió a los 80 años. Era comunista. Cuando volví de Afganistán estaba totalmente liberada del comunismo por todo lo que ví en la guerra. Le dije a mi padre: «somos asesinos, vivimos en un país de asesinos, tu me mentiste» y el se puso a llorar y no me dijo nada. Pero no volvería a actuar así con mi padre recriminándole porque no hizo nada por sus amigos cuando los metieron presos en el 38″.
Svetlana Alexiévich: «Yo viví 3 años en Suecia y creo que se puede vivir en el socialismo, en un país sin revoluciones, si hay un desarrollo social, tecnológico continuo y sustentable».
Svetlana Alexiévich: «Ahora estoy escribiendo dos libros nuevos. Uno va sobre el amor y otro sobre la vejez. Creo que nos falta filosofía para el último trozo de vida que se ha añadido. Debemos pensar qué hacer en ese tiempo libre, no debemos aburrirnos y terminar viviendo sólo a base de medicinas. Hay que seguir siendo persona, estudiar, salir a la calle, vivir la vida … A mí me lleva muchos años escribir un libro. Ahora tengo casi 70 años. El libro que acabo de empezar a escribir habla sobre como ser feliz. A mí, a mi hija, a mi nieta, nunca nos han hablado de la felicidad en Rusia. En la escuela siempre nos decían que la patria estaba amenazada y así fuimos criados todos».
«¿Como puede diferenciar la verdad de la mentira?. Cruzando los relatos de gente muy distinta puedes acercarte a la verdad».
Svetlana Alexiévich: «Desde mi infancia he comenzado a asimilar los relatos de la vida y la muerte desde la voz femenina. La voz de las mujeres es lo que me ayuda a estudiar el mal. El mal tiene muchas facetas, es total y global. La estética es muy importante para mí porque si no cuento de esta manera el mal, lo horrible, no se podrían leer mis libros. Si las dos cosas se entrelazan las historias se pueden entender. El mal hay que verlo como un fenómeno artístico. Un escritor tiene que conocer sobre el mal, y pensar que este es bello. Debes escribir este tipo de vida que a veces no es comprensible de una manera que la gente lo entienda y ahí entra la estética».
Svetlana Alexiévich: «La guerra fría ha vuelto. Rusia se ha vuelto a aislar del mundo. Lo que hacen y dicen en Rusia ahora me hace recordar una nueva guerra. A pesar de la propaganda de Putin que habla de la defensa de la gran Rusia, hay mucha gente que no apoya esta violencia. Pero son muchos menos porque mucha gente calla ya que pueden perder el trabajo o te pueden encarcelar por se espía, por ser de la oposición. Putin llama a la gente que no le apoya «traidores a la patria». Ese tipo de lenguaje militaristas se esta ocupando en la Rusia de Putin hoy».
«No quiero pensar de mi futuro. No tengo miedo a que me maten. Sólo tengo un sentimiento de alarma. El miedo lo he sentido en Afganistán. Pero lo que tengo ahora es miedo por el futuro».


