- El escritor peruano Santiago Roncagliolo presentó en Madrid su nueva novela «La noche de los alfileres». El latinoamericano la define como un «thriller» que también tiene humor negro. Esta ha sido ambientada en la Lima convulsa de los años noventa, cuando era «una ciudad sitiada, con bombas y apagones», señaló el limeño.
Santiago Roncagliolo señaló a EFE que «la violencia forma parte del ADN latinoamericano. Es verdad que América Latina, en general, es mucho mejor hoy que cuando yo era niño, pero la violencia nunca desaparece, sólo se transforma».
Nuevo libro de Roncagliolo se nutre «directamente de su memoria y de sus experiencias de adolescente».
«La noche de los alfileres» nos entrega crudeza y humor al mismo tiempo. Es una historia de iniciación en el sexo y la violencia, que le da pie al autor para reflexionar sobre el poder, la rebelión, la masculinidad y la soledad.
Todo se desarrolla en un colegio de los jesuitas de Lima donde cuatro amigos estudian, y las contradicciones propias de los adolescentes, sus inseguridades y angustias, y su obsesión por el sexo, se muestran a flor de piel.
En tanto, el autor de novelas como «Pudor» o «La pena máxima», señaló que Lima era en los noventa «una ciudad sitiada, con apagones, con bombas. Era como una materialización de todo lo que estaba pasando dentro de esos adolescentes, de sus rebeliones y del revolcón emocional que viven interiormente».
Según Roncagliolo el Viejo Continente se parece mucho al barrio limeño donde viven los protagonistas. «Hay una guerra alrededor y Europa levanta muros, pone alambradas, se fortifica pero igual la violencia entra. Hay atentados, hay yihadistas y gente de extrema derecha disparando o quemando lugares».
MUNDO MÁS AMABLE
Ademñás Roncagliolo aseguró que el mundo en que viven sus hijos «es mucho más amable» que en el que él creció. En su entorno actual «hay padres de familia gais», pero cuando él era niño «a los homosexuales se les pegaba».
«En mi colegio abucheaban públicamente a los homosexuales, los torturaban. Yo mismo era sospechoso de serlo, porque no jugaba al fútbol, me gustaba leer»…»Me sentía solidario con los homosexuales porque al final acabábamos todos en la biblioteca, a la que yo iba para leer y en la que ellos se refugiaban. Por que era el único sitio que no pisaban nunca los matones», recuerda el novelista y articulista.
«En un entorno tan machista y tan reprimido como el de aquel colegio era obligatorio ostentar la masculinidad. Ser un machote, y la manera de expresarlo era hablando de sexo o siendo violento», dice Roncaligolo. Sin embargo aclaró que su novela «no es anticlerical porque, en realidad, los curas eran mucho más civilizados» que los alumnos.
«Hoy en día Perú es un país mucho mejor, muy positivo y optimista, pero los novelistas también escribimos para recordar cómo éramos antes y que no se olvide. Hay que contar cómo fue para que otros no tergiversen la historia», concluyó.


