“Los fauves, la pasión por el color”, una exposición que estará abierta hasta el 29 de enero de 2017, en la Fundación Mapfre de Madrid, propone un recorrido por la primera gran vanguardia artística del siglo XX.
Por Eugenia Román
Los fauves liderados por Henri Matisse, André Derain, y Maurice de Vlaminck removieron los fundamentos del arte de su tiempo con su innovador tratamiento del color, su factura enérgica y su libertad de ejecución. En 1905, sus obras fueron expuestas en el Salón de Otoño, causando tan revuelo entre el público y la crítica que fueron bautizados como “fieras”-fauves-en francés-.
Su desarrollo fue tan brillante como intenso, tuvo una vida de apenas dos años, pero su impacto fue extraordinario, sentando las bases para otros movimientos de vanguardia como el expresionismo y el cubismo.
La exposición compuesta por más de 150 piezas, se articula en cinco secciones ordenadas cronológicamente que presentan la evolución estilística tan intensa que estos artistas desarrollaron en apenas dos años. La primera dedicada a los primeros experimentos pictóricos llevados a cabo por los artistas que formarían el grupo “fauve” durante sus años de formación donde se puede apreciar la influencia que la pintura de Van Gogh, Gauguin y Cezanne ejerció sobre estos artistas.
En “las fauves se retratan” se nota la estrecha amistad que unió a los integrantes de este grupo. Destaca la pareja de retratos realizados por Mattisse y Derain durante el verano que pasaron juntos en Collioure.
En la tercera sección de la muestra “Acróbatas de la luz” se puede observar la incidencia de la luz del mediterráneo en el tratamiento del color de los “fauves”, que aumentaron intensamente en sus paletas a partir de sus estancias en la Costa Azul, con sus pinturas que causaron sensación.
En “la fiereza del color” se incluyen las obras que los fauces realizaron y consolidó su identidad como grupo y les impulsó a continuar sus investigaciones pictóricas. Destacan las vistas de Londres de Derain, así como la incorporación al grupo de los artistas Raoul Defy de Le Havre, Georges Braque y Oton Friesz, que renovaron de forma brillante el movimiento.
“Senderos que se bifurcan” es la última sección que presenta los distintos caminos que tomaron los fauces a partir de 1907. La influencia de Cezanne se tradujo en una serie de bañistas y de paisajes geometrizantes que preludian el cubismo, mientras que las mujeres descarnadas de Van Dongen, Roualt y Vlaminck anticipan el expresionismo.
La exposición ha sido posible gracias al apoyo de más de 80 prestadores que han colaborado, entre los que destacan la Tate, el Centro Pompidou, el Musée d’art moderne de la Ville de París, la Kunstsammlung Nordhein-Westfalen de Dusseldorf, el Milwaukee Art Museum, o el Statens Museum de Dinamarca que han prestado algunas de sus obras más emblemáticas.


