Con sus memorias autográficas el escritor Günter Grass, ha debido afrontar una serie de críticas políticas. Sin embargo, para el alemán el proceso de ignominia está cerrado y confirma que haber escrito “este libro ha tenido mucha razón”.

Madrid – Emilio Leighton V

La noticia explotó como una bomba atómica. Gunter Grass, un escritor de izquierda, había reconocido en su nuevo libro “Pelando la cebolla” que en su juventud había formado parte de las juventudes hitlerianas y que en los últimos meses de la II guerra mundial participó en las Waffen SS, ejército paralelo y responsable de las matanzas más horribles.

“Digamos que yo acabé en las Waffen SS unos pocos meses sin ser culpable de ello. Este recuerdo lo tuve encapsulado durante mucho tiempo y llegó el momento de contarlo con esta obra. La verdad es que yo hablé de mí pasado en las Waffen SS en los años 40 y en esa época a nadie le importaba ese hecho. Yo nunca he ocultado que crecí bajo el nacionalsocialismo”, contó en la presentación de “Pelando la cebolla” en Madrid.

Pero la confesión de Grass en sus memorias sirvió para expiar culpas. “En mi generación siempre teníamos una excusa de cajón, éramos jóvenes y nos sedujeron y en ese punto se acaba el debate. Y la verdad es que yo me deje seducir, yo era un chico despierto y me podría haber hecho preguntas”. Pero ello no aminoró la magnitud de los ataques en su país, los cuales les sorprendieron al escritor. “Habían entremedio críticas políticas porque al final soy un escritor de izquierdas y en determinada prensa, creían `por fin le hemos pillados y ahora le podemos cerrar la boca”.

Eso sí, el autor de “Años de perro” no sólo recibió críticas. José Saramago le apoyó e incluso Mario Vargas llosa, con quien estaba peleado y se reconcilió en el Café Central de Madrid, reconoció su intención. “También hubo historiadores que me apoyaron y que recordaron que durante en el 34 las Waffen SS alistaban a jóvenes sin poder decir estos que no”.

Cebolla autobiográfica de Günter Grass

Más allá de la polémica a Gunter Grass le tentaba desde hace tiempo escribir un libro sobre su juventud hasta los 30 años, edad en que escribió el “Tambor de Hojalata”. Era el momento adecuado, según el artista, ya que a su edad había adquirido esa capacidad para recordar el pasado con mayor nitidez que el presente. “Mi edad me posibilitó pelar la cebolla, sacar piel tras piel y así recuperar mi memorias”.

Sin embargo, el alemán desconfiaba de lo autobiográfico e intentó cuestionar el modelo narrativo. “La memoria tiende a embellecer los recuerdos, a quitarle lo negativo y al momento de contar algo de ellos tendemos y a falsear la historia para que todo encaje. Por eso intenté que todas las cosas que cuento en el libro vayan acompañadas de las dudas”.

Grass teminó de “pelar la cebolla” en Madrid, alejado de malas noticias y pasando un momento placentero en compañía de su mujer, quien es su lectora número uno y correctora personal. En la capital española trabajó los manuscritos y al mismo tiempo dibujó las sanguinas de las cebollas para la portada del libro. “Disfruté mucho, porque estaba lejos de Alemania, nadie me reconocía y en el bar me dejaban fumar”, recordó.

Su madre, inspiración creativa

Un tren viaja de Colonia a Hamburgo. Un joven Grass, recién llegado de su cautiverio en un campo norteamericano de prisioneros, hace preguntas. “Mi madre me contó que a mi hermana, los soldados soviéticos la violaron en muchas ocasiones. Ella tenía 14 años y mi madre se ponía por delante de mi hermana y le decía a los soviéticos “No, no, no, ella no. Yo”. Y evidentemente, ella no quería hablar de eso”.

La madre de Gunter Grass es parte elemental de su nueva obra. Él la designa como la persona que más lo marcó. “Yo la tenía a ella. Ella me escuchaba. No me escuchaba ni mi padre ni mi hermana. Yo tengo un complejo de Edipo, lo cuido, porque me hace creativo. No permito que nadie me trate ese complejo de Edipo”.

En tanto, el efecto del libro ha sido terapeútico en los alemanes, especialmente para los que vivieron la II guerra y la reconstrucción del país teutón. “Este tuvo un fuerte efecto en mis lectores. Una reacción que me alegró mucho. Recibí muchas cartas de personas mayores y también de gente muy joven. Los mayores me decían muchas gracias por este libro, porque era la primera la vez habían sido capaces de hablar con sus nietos e hijos de sus experiencias en la guerra. Y los jóvenes, me comentaban lo mismo. Esto me confirma que fue un libro escritor con razón”.

Ratzinger, su amigo de celda

Definitivamente, el capítulo del libro más interesante es la historia que cuenta Gunter Grass sobre ese compañero, Joseph, que conoce en la prisión y que apunta al cardenal Ratzinger. “Yo lanzo una suposición. Cuando soy prisionero de guerra, conozco a un compañero llamado Joseph (del apellido me olvidé) que me quería volver de una forma fanática a la religión ya que yo había perdido la fe. En esa época, yo quería se artista, él ascender a la jerarquía eclesiástica”.

Un dato polémico que su hermana no le creyó. “Ella me dice que no me cree y que me lo inventé. Mi madre me creía las mentiras pero mi hermana nunca me las creyó”, concluyó.