Es un comentario en todas las reuniones familiares y en las oficinas a lo largo de Chile: los tics nerviosos del presidente de la República. Estos se han acrecentados durante el funeral de su tío cura muerto por Covid19, y se han transformado en un elemento que preocupa, no sólo a la población. También en los círculos del poder político.

Columna de Opinión – por Emilio Vidanski

Cada día nos preguntamos en Chile si el Presidente Piñera está enfermo mentalmente, si está desvariando. Hay varias pistas que nos hacen dudar de que pueda seguir gobernando. Las pruebas de su incapacidad en la toma de decisiones se ven corroboradas en las respuestas de su gobierno frente a la pandemia.

Por ejemplo, todas sus acciones han sido una ruina: tardía respuesta ante al virus, la nueva A-normalidad, cuarentenas dinámicas, mentiras sobre datos de muertos, cajitas de comida de caridad, aprobación de ingreso familiar paupérrimo, autoritarismo legislativo, foto en plaza dignidad. Además su gobierno rechazó el post natal de emergencia, y declaró que el dinero del seguro de cesantía es del empresario no del trabajador. Incluso se negaron a utilizar el dinero de los cotizantes de las AFP (pensiones) para ayudar a la clase media, etc, etc.

No hay duda que el cortocircuito en la sinapsis de Piñera viene de octubre del año pasado cuando estalló una revuelta en la calle de Santiago. En ese mes y los siguientes su respuesta fue nula ante los nuevos desafíos -salvo la represión- que los jóvenes le pedían al salir a la calle .

Las peticiones de los estudiantes no eran nada del otro mundo: mejorar la salud pública, educación de calidad, y cambiar el sistema económico y constitucional legado por la dictadura de Pinochet. Todos saben que esta fue una elaborada maquinaria de explotación que dura 30 años y que ha convertido a los chilenos en esclavos de cuatro grupos económicos.

Ante la presión ciudadana y ser puesto contra la pared, el «narciso Piñera» llamó a un plebiscito para aprobar una nueva Constitución. Muchos de los dirigentes de la derecha chilena estuvieron de acuerdo pero ahora le tienen miedo al voto ciudadano. La idea es desestimarlo poniendo de muro de contención al coronavirus. Pero las condiciones para el cambio de paradigma van viento en popa y es imposible volver atrás porque la gente quiere dignidad. No se acepta más la ignonimia de la clase dominante.

Sebastián, el Loco

En estos momentos, mientras Chile se llena de ollas comunes en las poblaciones más humildes, y las dirigentas son acosadas por parte de Carabineros de civil, o en el sur se detiene a Mapuches que venden en las calles de Temuco, Piñera no cumple ninguna norma de cuarentena, ni es sancionado. Su errática actitud, lleva a los ciudadanos a pensar que el estado de salud mental del presidente de la República es preocupante. En España solían ponerles sobrenombres a los Reyes; a Piñera podríamos ponerle uno propio: Sebastián, el loco.

Recordemos el espectáculo que dio el ‘líder supremo’ en el funeral de su tío. Visualícenlo en sus mentes por un momento. Es una escena de ‘El Resplandor’. O más bien una escena surrealista de Monty Python. Todo muy irracional, miradas a la cámara con ojos insanos, abrir el féretro, varios tics nerviosos por segundo.

Esto demuestra que el presidente no sólo desatiende el conjunto de normas que ha impuesto a los chilenos para llevar el confinamiento a buen puerto. Es peor, ya no es creíble y su poder se ha vuelto ínfimo. ¿como podemos ganar como país la batalla al virus si los que dirigen el gobierno son infractores constante de las leyes y se han convertido en el profesor de religión?, Ahora nadie les tiene respeto.

Tics nerviosos del presidente chileno Piñera

Asimismo somos testigos, desde hace varios meses atrás, que Piñera tiene bastantes cambios de humor, tics nerviosos y una profunda actitud narcisista, indolente. Da entrevistas a medios internacionales que no las entiende nadie, y son contraproducentes incluso para sus propias filas de acólitos.

Sebastián, el loco, está llevando a la patria a una crisis social, económica y de salud de proporciones bíblicas. Chile tiene más de seis mil muertos, millones de contagiados, crisis económica severa, Fogapes para empresas que los bancos no quieren soltar al mercado. El desempleo llega a dos dígitos, hay hambre, corrupción de su gobierno en adquisiciones de elementos sanitarios, especulación en servicios mínimos, y más cosas por venir: el producto bruto caerá en un 20% o más.

Ante los resultados negativos del gobierno frente a la pandemia muchos piensan que Chile va directamente a una implosión social. Pero si lo pensamos bien, es un cambio de paradigma, que muestra que el ciclo neoliberal está agotado. Es un aviso a la elite política y económica. Van a perder sus privilegios y el dinero del pueblo que se roban vía las AFP. El acuerdo entre cuatro paredes en 1989 de “en la medida de lo posible” ya no puede mantener la dictadura de lo privado ni seguir estrujando a los ciudadanos.

La elite de derecha y el red set chileno, que fundaron el sistema neoliberal que rige el país andino, no tienen excusas para seguir defendiendo el modelo. Eso sí, las muertes del Covid19 escondidas por Piñera y su gobierno, bajo el manto de Mañalich, no pueden quedar impunes.

Es una oportunidad para revolucionar la estructuras de Chile. La solidaridad, fraternidad e igualdad, seguridad social, y el estado de bienestar deben ser el objetivo a conseguir para vivir en paz bajo una nueva Constitución. Debemos pensar en aplicar una economía colaborativa, regionalistas, competitiva. Sin monopolios, con los recursos naturales en poder de Estado, que sea fiscalizador, fuerte ante el mercado salvaje.

Que no te mientan, cuidado. El sistema dirigido por el dinero como en USA no es una panacea, es una aberración. Es ver el panorama a que son sometidos millones de norteamericanos sin casas, con alquiler altísimos que les obliga a vivir en la calle, salud privada que les endeuda por años o mueres sin atención, corrupción empresarial, y especulación a raudales.

Por eso, es la oportunidad para refundar la República. La ineptitud de Piñera es la oportunidad para generar los cambios urgentes que necesita el país. Hay que terminar con las estructuras facistas generadas desde la muerte y el dolor.

Eso sí. primero hay que comprobar el estado mental de Piñera. El líder debe ser visto por médicos y psiquiatras, por que su cara, además de tener tics nerviosos, esta muy pálido. Se ve como un muerto viviente caminando, al igual que el sistema neoliberal que nos dejó Pinochet y Jaime Guzmán.