Este 26 de abril de 2016 se cumplen 30 años del accidente nuclear de Chernóbil, el mayor desastre que humanidad haya tenido jamás en su historia. La explosión de Chernóbil fue tan potente que liberó 100 veces más radiación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Chernóbil alcanzó el nivel 7 en la escala INES en accidentes nucleares, el más alto de la historia.
La nube radiactiva que salió del reactor 4 de la central cubrió toda Europa y llegó hasta Irlanda. Las autoridades soviéticas no informaron ni a los países vecinos ni a sus ciudadanos de la catástrofe nuclear. Tuvo que ser Suecia, que detectó niveles de radiación tan peligrosos en su aire, el país que dio la alarma a todo el mundo.
Ante tan macabro aniversario, Svitlana ‘Svieta’ Shmagailo, una maestra de 42 años que vive en una aldea cercana a la central llamada Orane (35 kilómetros), visita España. Greenpeace la invitó para que diese a conocer la situación actual de las víctimas.
NIÑOS SUFREN NUMEROSOS PROBLEMAS DE SALUD
Svitlana tenía 12 años cuando se produjo la catástrofe. Participará en diversos eventos políticos y sociales en España para explicar de primera mano qué pasó y qué está sucediendo ahora en la región.
“Los niños que viven en la zona afectada por el accidente de Chernóbil, como mi aldea, sufren numerosos problemas de salud. Yo no quiero que eso suceda aquí en España, por eso pido que se cierren las nucleares”, ha comentado Shmagailo.
En tanto la ciudad modelo soviética Prípiat, que albergaba a la población que trabajaba en Chenóbil, y sus alrededores se han convertido en un santuario de vida salvaje. Lobos, zorros y especies en peligro viven allí, lejos de los cazadores.
No hay vida humana en el sector que fue evacuado 3 días después de la tragedia. Tras conocerse que los altos niveles de radiación eran una bomba de tiempo para la salud humana. Ahora sólo se pueden encontrar algunos ancianos que se niegan a abandonar la zona de exclusión y han plantado sus cosechas y alimentan a sus animales.
5 MILLONES DE PERSONAS VIVEN EN AREAS CONTAMINADAS
Las autoridades de la época, de la extinta Unión Soviética como del gobierno ucraniano actual, no han querido dar a conocer los datos sobre como ha afectado la radiación a la salud de la población que vivía más cerca de la central nuclear de Chernóbil (Prípiat y los pueblos cerca de la frontera bielorrusa). Los estudios en los últimos 30 años en la zona demuestran que las tasas de mortalidad son más altas que las del resto del país. Las de natalidad más bajas y que ha aumentado la incidencia del cáncer y de los problemas de salud mental.
Greenpeace señaló que «la contaminación, es algo con lo que vive la población y está cada cosa que comen o beben. En la madera que utilizan para las construcciones o para calentarse. Hoy más de cinco millones de personas viven en áreas consideradas oficialmente contaminadas. Y un millón vive en asentamientos donde se exceden las dosis de 1 mSv por año».
«La situación del reactor nuclear que explotó todavía no ha sido determinada ni la cantidad total de radiación liberada por el accidente. Ni la cantidad exacta de combustible nuclear que permanece en el reactor. Podemos concluir que incluso 30 años después el reactor dañado aún plantea un peligro, y una solución real a esta situación resulta improbable a la vista de las condiciones técnicas y económicas existenten», agregó Greenpeace.





