Si bien pasó desapercibido el 19º Festival de Cine Alemán, recientemente celebrado en los cines Palacio de la Prensa de Madrid, este nos dejó películas muy interesantes y demostró que el estilo fílmico germánico sigue muy vigente y por supuesto es en muchos aspectos la vanguardia del cine europeo. Os dejamos algunos filmes que destacaron en la muestra.
Por Juan Manuel Moratinos.
The Verdict / Terror
Un avión de pasajeros es abordado por unos terroristas suicidas con objeto de estrellarlo sobre un abarrotado Allianz Arena de Munich. Lo que hasta ahí pudiera parecer una película de trepidante acción es en realidad la retransmisión en directo casi a tiempo real de un juicio desde un juzgado de Berlín: el que somete a un piloto de caza alemán por la decisión que tomó por cuenta propia de derribar el avión de pasajeros al que inicialmente debía escoltar con la intención de neutralizarlo de algún modo. En otras palabras, se trata de juzgar su culpabilidad ante el dilema de sacrificar las 164 personas que viajaban en el avión (incluidos los terroristas) como mal menor antes de, a estas mismas, añadir las 70.000 personas que llenaban el estadio muniqués, de no haber disparado finalmente el misil con el que derribó la aeronave.
Pero “El veredicto”, que acaba de ganar el Premio del Público del festival, es una película diferente en otros aspectos también. De inicio, el actor que encarna el personaje del juez del proceso rompe la cuarta pared y se dirige a los espectadores advirtiéndonos de que, al final de la proyección, seremos nosotros mediante votación a mano alzada quienes decidamos si el acusado es culpable o inocente, y en consecuencia con el resultado de dicha votación, el final elegido será el utilizado para el montaje último del film. Se trata pues de una película interactiva; todo un experimento para el cine (aunque no tanto en el teatro).
El juicio transcurre dentro de un guión equilibrado donde la tensión dramática, de la mano especialmente de la figura de la fiscal, acaba alcanzando un clima casi asfixiante (“¿habría disparado contra el avión si supiera que en su interior viajaban su mujer y su hijo?…”).
No voy a desvelar el resultado de la votación. En cualquier caso, se nos muestran ambos finales (según el protagonista sea culpable o inocente), lo que dará pie a un más que interesante debate tras la proyección entre el director de la cinta, Lars Kraume, y el público asistente en la sala.
Las manos de mi madre (“Die Hände meiner Mutter”)
No es extraño que el cine moderno aborde cada vez más abiertamente temáticas que en otro tiempo habrían sido consideradas estricto tabú, enfocándose a lo sumo a modo de sucinta y velada insinuación. Tal es el asunto de los abusos sexuales en el ámbito familiar.
“Die Hände meiner Mutter” trata de esto, pero incidiendo sobre un punto particularmente inusual: el de los abusos de una madre (que no del padre) sobre sus hijos, lo que de entrada supone todo un reto para llevar la nave fílmica a buen puerto. El protagonista es Markus, un hombre de mediana edad que lleva una vida aparentemente normal con su esposa e hijo pequeño, aunque arrastra ciertas taras parentales, en especial de su madre. Poco a poco vamos descubriendo sus heridas de la infancia, las cuales inciden también en la relación con sus hermanas, en su fracasado ascenso laboral y finalmente en su vida conyugal. Hasta que comienzan a mostrársenos imágenes de su infancia en las que de forma difusa aparece el niño que fue entonces encarnado en su cuerpo de adulto en íntima relación con la madre.
Antes de que la vida de Markus se convierta en una insoportable pesadilla (a punto de estallar justo cuando la película termina, dejándonos un final abierto para libre opinión del espectador), la historia mantiene un pulso creciente que habría tenido mucha más intensidad de no ser por el excesivamente desdibujado perfil psicológico (y físico) de la madre, que no obstante es el otro gran pilar sobre el que descansa la película, junto con el ambiguo papel del padre (aunque trazado éste de forma deliberada). Con todo, un muy estimable film para mostrarnos un tema tan inusualmente sórdido como el abuso sexual maternal.
Varieté
Coincidiendo con el centenario de la fundación de UFA, la emblemática productora berlinesa de entre guerras, el 19º Festival de Cine Alemán, dentro de su ciclo “Über all” sobre antiguas cintas de la filmografía germana, ha tenido el acierto de regalarnos esta joya del mudo, tras su reciente exhaustiva y esmerada restauración.
Si el expresionismo alemán debe sus señas de identidad en gran parte a las obvias limitaciones del cine mudo, éste tampoco se habría desarrollado hasta las cotas que hemos conocido de no ser por la ingente producción de la factoría UFA, que alcanzó su máximo esplendor durante la república de Weimar y acabó declinando ante la manipulación y exigencias del posterior régimen nazi.
La fuga de cerebros a Hollywood con la llegada de Hitler al poder (Fritz Lang, Murnau…) y sobre todo los estragos de la II Guerra Mundial han hecho desaparecer casi el noventa por ciento de la producción fílmica de aquella época dorada. Por eso, resulta un lujo impagable asistir al re-estreno de “Varieté” (1925), la historia de Boss Huller, un trapecista de feria de Hamburgo que abandona a su esposa por una joven artista, Bertha-Marie, con la que funda una compañía circense en Berlín, a la que pronto se une Artinelli, un nuevo y más joven acróbata. El descubrimiento por parte de Boss de la relación amorosa secreta entre Bertha y Artinelli desencadena un melodrama con trágico final, en el que las gesticulaciones, los planos subjetivos y los innovadores -para la época- recursos narrativos (la película es todo un flashback que arranca con Boss de presidiario declarando ante el juez por su crimen pasional) convierten a esta película en merecido objeto de culto y estudio para las escuelas de cine de hoy. Y no sólo eso: en una época en la que los efectos especiales eran meros rudimentos, las vertiginosas escenas “reales” de los saltos de los trapecistas sólo pueden despertar la admiración.
Pero aún hay más. Lo que ha hecho de esta proyección algo muy especial ha sido el espléndido tratamiento de la música. Para la ocasión, y al modo de la ambientación musical del cine mudo tradicional, el pianista británico (además de acordeonista y flautista) Stephen Horne ha creado una banda sonora ex profeso para la ocasión, con el acompañamiento del baterista Martin Pyne. El resultado es brillante y espectacular.
https://www.youtube.com/watch?v=hLLOuW0fJXY
Ojalá proliferen más restauraciones como ésta y que ese 10% de películas disponibles del cine mudo de la época se amplíe en lo posible para asistir a obras tan enriquecedoras (y enriquecidas) como es el caso.



