La nueva joya del cine latinoamericano ‘El ladrón de perros’, filme escrito y dirigido por el director chileno Vinko Tomičić (1987), llega a los cines de España este 18 de septiembre tras ganar en 2025 La Biznaga de Oro a la Mejor Película Iberoamericana en Málaga. Con una mirada profundamente humana, el filme nos sumerge en las calles de La Paz para seguir la historia de Martín (el debutante Franklin Aro), un joven lustrabotas que decide robar el perro de su mejor cliente, un sastre solitario, interpretado por el versátil actor chileno Alfredo Castro.
EurolatinpressCultura entrevistó en profundidad a Tomičić para explorar temas como la identidad y la pertenencia en Bolivia, así como la elección de actores no profesionales de la comunidad de lustrabotas paceña para aportar autenticidad al relato. Asimismo, el autor detalla cómo capturó la estética única y la geografía imponente de la capital boliviana a través de un estilo cercano al neorrealismo.
El ladrón de perros es un emotivo retrato sobre la infancia, la soledad y la necesidad universal de pertenecer, realzado por una fotografía que engrandece el paisaje de La Paz.
La relación de la película con el neorrealismo
«Todo fue orgánico y no deliberado. La estética neorrealista de la película surgió de forma natural y no por un intento consciente de imitar esta corriente cinematográfica. De hecho, el proyecto se llamaba originalmente Perros, y el nombre El ladrón de perros se eligió tras concluir el rodaje», explica Vinko Tomičić.
El creador chileno añade que Latinoamérica vive en un neorrealismo constante: «Mientras el neorrealismo italiano nació en la posguerra debido a la escasez de recursos, en Latinoamérica los cineastas nos vemos obligados a trabajar con los medios disponibles al no contar con industrias consolidadas ni apoyos financieros estables».
Aunque se han trazado comparaciones entre su obra y Ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica, el cineasta chileno confiesa que no conocía el clásico italiano hasta que se lo mencionaron en la fase de edición: coincidencias como la escena inicial donde se pegan afiches. «Sin embargo, más adelante comprendí que se trataba de películas totalmente distintas».
La Paz: geografía, luz y tiempo
Pese a compartir prácticas afines al neorrealismo, como el trabajo con actores no profesionales de la comunidad de lustrabotas, Tomičić prefiere definir su obra como «realismo latinoamericano», arraigado en la propia experiencia regional: «Para mí, La Paz es la ciudad más bella e increíble de Latinoamérica, y creo que representa la verdadera esencia de nuestro continente».
El director señala que el paisaje y la luz paceña influyeron de manera determinante en la estética de la película a través de tres pilares:
- El claroscuro y la luz de la altitud: Gracias a la altitud de la urbe (entre 3200 y 4000 metros sobre el nivel del mar), La Paz cuenta con una iluminación particular —descrita por el cineasta como una luz de mediodía constante, con un sol intenso y sombras muy marcadas—. Esta cualidad definió la apuesta visual por los claroscuros, convirtiendo el tránsito del personaje entre luces y sombras en un elemento expresivo central.
- La ciudad como personaje: La Paz se retrató como una urbe imponente y vasta en la que el protagonista se pierde, alejándose deliberadamente del concepto de «postal turística». Dado que Martín es un lustrabotas ambulante que recorre las calles a diario, la geografía urbana se integró en el relato para actuar como un personaje más.
- La suspensión del tiempo: A diferencia de otras capitales latinoamericanas, La Paz conserva una dinámica en la que el paso del tiempo parece detenerse. «Para plasmar esta sensación, tomamos decisiones estéticas específicas como el uso de un formato cuadrado y lentes de estilo retro, logrando que la película reposara en el tiempo al igual que la propia ciudad», explica el director.
La elección de Franklin Aro para el papel de Martín
El poder de la mirada y la expresividad del rostro de Franklin fueron determinantes en el casting. «El actor profesional tiende a manejar un registro de expresión más controlado y rígido, a diferencia de un actor natural. Durante el proceso, tuve la certeza inmediata de que él debía ser el protagonista por el impacto de su mirada y su capacidad para transmitir, únicamente con el rostro, toda la carga emocional que el personaje requería», señala Tomičić.
Sin embargo, el factor decisivo fue su compromiso: «Más allá de sus aptitudes, Franklin demostró la madurez y la motivación necesarias para asumir un trabajo de larga duración, en un proceso de preparación previo al rodaje que se extendió por más de dos años».
El mensaje de la obra
«Para mí, Franklin da vida a una persona que lucha y utiliza todo lo que tiene a su alcance, todo lo que la vida le ha enseñado, para cumplir sus sueños. Eso es un acto de coraje. Y eso es lo que defiendo en la vida: la gente que tiene coraje aun teniéndolo todo en contra», concluye el cineasta.
Nota: Tras su exhibición y estreno en España y México, la película estará disponible en la plataforma Pijamafilms


