Sorolla, el pintor jardinero

La exposición “Sorolla un jardin para pintar”, que se puede visitar en el museo que el artista tiene en Madrid, se podrá ver hasta el 20 de febrero. En esta propuesta se relata a través de una selección de óleos, dibujos, esculturas, azulejos y fotografías, como el pintor concibió su jardín de artista como un espacio para la belleza el deleite sensorial y la creación pictórica.

Por María Eugenia Román

La exposición ha estado comisariada por Consuelo Luca de Tena y por María López quienes explicaron que el jardín comenzó a construirse en el tiempo en que el pintor Joaquín Sorolla inició la construcción de su casa, en 1912 en el sentido de “refugio” tal como lo buscaban los pintores europeos.

“’Sorolla. Un jardín para pintar’ presenta a un Sorolla maduro, que a lo largo de sus últimos años, en medio de los esfuerzos que le exige la realización del gran encargo de los murales de la Visión de España para la Hispanic Society de Nueva York, encuentra el tiempo para pensar un jardín, trazarlo, plantarlo y cultivarlo y sentarse por fin a disfrutarlo pintándolo – pues para Sorolla descansar y gozar eran lo mismo que pintar- un Sorolla a la vez pintor y jardinero, como fueron los pintores de su tiempo. Y finalmente llama la atención sobre los aspectos específicamente botánicos del jardín, que son los que le prestan, color, movimiento, variedad y vida. Lo que Sorolla más estimaba.

Un jardín para vivir, un jardín para pintar

Jardín Casa Sorolla / Museo de Madrid

Jardín Casa Sorolla / Museo de Madrid

Para montar el diseño de su jardín, Sorolla se inspiró en la Alhambra de Granada y el Alcázar de Sevilla, que había pintado repetidas veces a partir de 1908, jardínes amplios pero organizados en espacios íntimos, recogidos por la arquitectura y donde la presencia del agua es discreta pero constante.

El impacto que los jardines del Alcázar de Sevilla hicieron en Sorolla es evidente por la fuerza con que algunos de sus motivos se manifestaron luego en el del pintor. Los cuadros que representan El Jardín de Troya- o Rincón del Grotesco, con su pórtico clásico, la escalera decorada con azulejo que le da acceso y la fuente de mármol. También en su casa reprodujo el Patio andaluz con cipreses y adelfas. La composición del patio es la tradicional en cruz con cuatro parterres y una fuente en el centro cuyo diseño parece directamente inspirado en una de las fuentes que Sorolla pintó en el Alcazar.

En sus últimos años, el creador valenciano regresó a aquellos jardines que le habían inspirado : la Alhambra, donde pinta en el invierno de 1917, unos cuadros sobrios e intensamente poéticos, y el Alcázar sevillano donde pinta en la primavera de 1918 algunos cuadritos, en cambio de alegre exhuberancia. Pero pintó sobretodo su propio jardín, donde produjo numerosos cuadros llenos de sabiduría.

Author: Prensa

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