Roger Hodgson, el renacer de Supertramp en Cambrils

Es norma habitual entre las estrellas del rock que emergen de bandas legendarias emprender sus carreras en solitario con el ánimo de acuñar un sonido propio que les distancie de su etapa anterior. Y es sobre todo en los directos que estos artistas en solitario tratan de atraer al público con su nuevo repertorio, huyendo por lo común de nostálgicos reencuentros con el de sus orígenes.

Por Juan Manuel Moratinos (Cambrils)

Roger Hodgson Cambrils fest (Fotos: Elena Terán y Juan Manuel Moratinos)

Roger Hodgson Cambrils fest (Fotos: Elena Terán y Juan Manuel Moratinos)

Pero este fenómeno, más pronto que tarde, y con muy pocas excepciones, termina sucumbiendo a la demanda del público, de modo que el ídolo de turno acaba revisitando su época dorada por encima de sus reticencias iniciales. Los ejemplos son muchos: Paul McCartney, a pesar de su brillante carrera con Wings y en solitario, completa hoy un setlist en vivo con la mitad de temas de los Beatles (incluso con versiones de temas originales de Lennon y Harrison); lo mismo que Sting con sus clásicos de The Police; o John Fogerty resucitando a sus antiguos Creedence Clearwater Revival (nunca mejor dicho aquí lo de Revival).

Con Roger Hodgson no es diferente. Si bien, este caso tiene connotaciones adicionales: además de que su discografía en solitario, tras su ya lejana marcha de Supertramp en 1983, ha sido muy corta (sólo tres álbumes de estudio hasta la fecha), se suman las frecuentes disputas con su ex-compañero de grupo Rick Davies sobre la utilización del repertorio de ambos por separado. Razones sobradas para que un directo de Roger Hodgson hoy sirva para una reedición del sonido Supertramp, al menos en lo que a la contribución de Hodgson corresponde, que fue, por qué no decirlo, la más popular y reconocible de la célebre banda de rock progresivo que fue mientras estuvo él en ella.

Sirva este preámbulo para entender mejor lo que el Festival de Cambrils ofreció el pasado 11 de agosto: un esplendoroso y mágico concierto de Roger Hodgson que nos hizo sentir que asistíamos al Supertramp de siempre. Recordaba de ellos su álbum en directo Paris de 1980, y éste de Hodgson tiene la misma o superior factura que aquél en cuanto a puesta en escena y calidad artística y técnica.

Con el apoyo de dos teclistas, uno de ellos también saxo y flauta, bajo y batería, Hodgson incide de lleno en el álbum más exitoso de Supertramp, Breakfast in America, desde el sutil “Take the long way home” al piano, con que inicia el concierto; el propio “Breakfast in America” (o “Breakfast in Spain”, como bromea llamándolo); el aclamado “The logical song”, o el obsesivo “Child of vision”, éstos dos ejecutados desde el piano eléctrico Wurlitzer de Hodgson, uno de los sonidos distintivos marca Supertramp.

No se olvidó de Crime of the century, álbum que lanzó al estrellato mundial a su ex-grupo en 1974: “School” a la guitarra eléctrica, el coqueto “Dreamer” al Wurlitzer de nuevo, y sobre todo una intensa interpretación de “Hide in your shell” dieron cuenta de ello. Lo dicho, un calco de Supertramp; como si Hodgson nunca lo hubiera abandonado. Una sensación que perduraba incluso cuando abordó algunos de sus temas en solitario; como “Death and a zoo”, de su último álbum de estudio Open the door del 2000, una cautivadora pieza al piano que conmovió al auditorio, máxime tras su reflexiva locución de presentación: “¿Qué harías tú si fueras un animal en un zoo, renunciarías a tu libertad para vivir con comodidades?”

Roger Hodgson Cambrils fest (Fotos: Elena Terán y Juan Manuel Moratinos)

Roger Hodgson Cambrils fest (Fotos: Elena Terán y Juan Manuel Moratinos)

Tras hora y media de concierto la audiencia estaba abducida por ese dulce sonido que combina estructuras jazzísticas, timbres rockeros y sugerentes melodías pop: el genuino sonido Supertramp. Y con él, una atmósfera de empatía y “buen rollo” que nos remitía al post-hippismo setentero que la mítica banda supo encarnar musicalmente. Luego Hodgson saluda y agradece a su público rendido, pero advierte: “There are some more”. Y se arranca al piano con “Fool’s overture”, suite que cerraba Even in the quietest moments, uno de los álbumes top de Supertramp; con su inmortal riff de sintetizador, sus distintas transiciones bien ensambladas y sus efectos sonoros. Una de las piezas cumbre del rock sinfónico de los años ’70.

No cabría mejor final, y tan apoteósico. Aunque provisional, claro. Había que volver para entonar el optimista “Have a dream” (de su primer disco en solitario) y cómo no, el célebre “Give a little bit”, con la acústica de 12 cuerdas, para hacer que el público bailara y se agolpara fervorosamente frente al escenario. Momento idóneo para abrochar con el galante y pegadizo “It’s raining again”, su último gran éxito con Supertramp, dentro del álbum Famous last words de 1982, previo a su divorcio del grupo.

Nada nuevo, pero en estos tiempos invadidos por mediocres modas musicales (llámese reggaeton, hip-hop y demás) es una delicia reencontrarse con una música llena de sensibilidad y matices como la de Roger Hodgson, y eso a pesar de que, al igual que otras voces agudas del rock (llámese Paul McCartney, Robert Plant, Sting…) la suya tampoco resista bien por su fragilidad el paso del tiempo. Es quizás el único pero (mínimo) a una noche mágica que vamos a recordar por mucho tiempo.

In memoriam

Sólo seis noches después del concierto de Roger Hodgson, Cambrils padeció la cruda secuela del previo atentado terrorista aquella misma tarde en las Ramblas de Barcelona. Lo primero que me vino a la mente tras conocer tan violento y lamentable hecho fue un verso de la canción “Lord, is it mine” que Hodgson interpretara esa noche: “I never cease to wonder at the cruelty of this land…” (nunca dejo de sorprenderme por la crueldad en esta tierra…). Una triste premonición. Vaya con ello mi profunda condolencia a todas las víctimas de este absurdo y repulsivo suceso.

 

Author: Prensa

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