Ya me venía quejando de sus excesos del año pasado. No tuvo piedad con Bowie, ni con Prince, ni con Cohen… Pero, en especial, se cebó con lo más florido del rock progresivo británico de principios de los años ’70 del siglo XX: su trío más representativo, Emerson, Lake and Palmer, en menos de seis meses se quedó reducido a un único superviviente, tras la muerte de los dos primeros.

Por Juan Manuel Moratinos (Moravia)

Chris Square (bajista de Yes) se nos dio de baja también por esos meses… ¿Qué prisa tendrán todos en marcharse? Caprichosa suele ser la parca. Pero parece que en este año 2017 vuelve a recrearse con las figuras punteras de este género musical del rock, para muchos su cota más alta. Algo debe ocurrir ahí arriba que tan ansiosos están por reunir lo mejor de cada casa para crear acaso alguna sublime banda celestial de benditos redimidos a la inmortalidad para mayor goce de los dioses. Inmortales para ellos, pues para nosotros, los de aquí abajo, es un continuo goteo de ausencias que nos aboca a una riada de creciente orfandad a la que nos cuesta cada vez más resignarnos. ¡Y no tienen repuesto…!

Ahora le ha llegado el turno a John Wetton. Uno de los fundadores de Asia, grupo refundación ochentera del género labrado década y media antes en excelsas formaciones como King Crimson, Roxy Music, Uriah Heep o Wishbone Ash. Bajista, cantante de voz honda y recia, ocasional guitarrista… Con sólo 67 años un cáncer de colon se lo ha llevado.

Que cierren los cementerios, que se apaguen los crematorios… Y sobre todo, que dejen de expender visados a otras dimensiones a seres como éstos que tienen que seguir dando más de la suya en este nuestro mundo de pecadores. Que gracias a ungidos como ellos, este mundo es aún un poquito más dulce y habitable.

Hasta siempre, querido John Wetton.