• Kerim Balci, periodista turco que vive en el exilio y una de las voces más relevantes de la prensa opositora de Turquía, visitó Madrid para analizar y denunciar las estrategias de control de los medios, por parte del régimen turco.

“A día de hoy, no queda ni un solo medio de comunicación relevante en Turquía que disienta del Gobierno”, señaló Kerim Balci, una de las voces más destacadas de la prensa opositora turca, en el encuentro ‘El éxito del desastre: cómo el Gobierno turco domina los medios’, organizado por Reporteros Sin Fronteras, FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España), la revista digital Punto de Vista y la Casa Turca, en Madrid.

Balci, escritor y editor jefe en el exilio de la revista Turkish Review, detalló en su intervención las estrategias desplegadas durante los 14 años de gobierno del AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo, de Recep Tayyip Erdogan) , que han desembocado en el intolerable “apagón informativo” que sufren actualmente los periodistas y ciudadanos turcos.

Erdogan / Turquía (Endorgan / Turquía (commons.wikimedia.org)

Erdogan / Turquía (commons.wikimedia.org)

“El derecho de la ciudadanía turca a recibir una información libre y plural está, desde hace años, en tela de juicio. Desde aquí, alzamos la voz para denunciar la represión del Gobierno turco a los medios, una represión tanto más lamentable cuanto que se produce en el momento en que la Unión Europea deja en manos de Turquía la responsabilidad de los refugiados sirios”, afirmó Elsa González Díaz, presidenta de FAPE, en la apertura del encuentro.

“Uno de los ejemplos más recientes es el juicio al director del diario Cumhuriyet, Can Dündar, y al jefe de su oficina en Ankara, Erdem Gul, que se enfrentan a una posible condena a cadena perpetua, en un proceso en el que se ha personado el propio Erdogan. Para RSF se trata de una muestra más de reacción autocrática contra los medios de comunicación”, aseguró Rosa Meneses, periodista del diario El Mundo especializada en Oriente Medio y miembro de la Junta Directiva de Reporteros Sin Fronteras.

Dündar y Gul fueron acusados de revelar secretos de Estado por publicar información sobre la entrega de armas por parte de Turquía a grupos sirios contrarios al presidente Bachar Al Assad. Luego fueron encarcelados durante tres meses y ahora se enfrentan a un juicio sin garantías.

“Ellos son un ejemplo más de cómo la ley antiterrorista se utiliza para perseguir a los medios. Turquía vive en una encrucijada, en la que la represión a la información independiente y la censura digital son cada vez mayores, al tiempo que aumentan las detenciones arbitrarias y juicios contra periodistas”, añadió Meneses.

Kerim Balci describió el proceso de control a los medios del régimen turco como una estrategia de largo recorrido, desplegada a lo largo de los 14 años en el poder del AKP de Erdogan, mediante el uso de tres tipos de medidas: las de conversión de medios opositores en medios afines, las de coacción a la información y las de cohesión de los medios que ya son progubernamentales.

El editor de Turkish Review explicó cómo en los primeros años de mandato del AKP, las autoridades turcas utilizaron fondos públicos para hacerse con el control de medios privados contrarios al Gobierno, en ocasiones con el pretexto de salvarles de la quiebra para luego revenderlos a empresarios afines a Erdogan y, en otras, directamente por medio de la expropiación.

Con el paso de los años, las estrategias de Erdogan para doblegar la libertad de prensa en Turquía se han ido endureciendo con medidas de coacción. Los últimos medios opositores han ido cayendo recientemente, mediante la imposición de astronómicas multas y sanciones por presunta evasión fiscal, detenciones y peticiones de condenas desmesuradas de cárcel para los propietarios, a los que se impone la presencia de comisarios políticos en las redacciones, que velan por que la línea editorial esté alineada con el Gobierno.

“Llevo 21 años ejerciendo como periodista y no tengo la tarjeta de prensa que concede el Palacio presidencial. Estoy orgulloso de ello, pero me ha impedido acceder a las ruedas de prensa oficiales y, lo que es peor, me haría no ser considerado periodista si fuese encarcelado por el Gobierno”, afirmó Balci. La no acreditación es, de hecho, la excusa que utiliza Erdogan para negar que haya periodistas en prisión en Turquía y afirmar, como hizo recientemente, que tan solo “hay criminales juzgados que se escudan en que son periodistas”.

Las víctimas de Erdogan no solo son  los periodistas imputados, detenidos o encarcelados, sino a los 50 que están en el exilio y a los 200 a los que se les ha retirado el pasaporte para retenerlos en Turquía, según sus cálculos.

El escritor y editor denunció, también, la intolerable pasividad de Estados Unidos y de la Unión Europea ante la situación que viven los medios en Turquía. “De Washington y Bruselas solo obtenemos silencio o manifestaciones de preocupación. Algunas veces se muestran muy preocupados; otras, profundamente preocupados y por último, extraordinariamente preocupados, pero lo único que cambian es el adverbio. Les pido que hagan algo más que calificar su nivel de preocupación”, afirmó.

Kerim Balci señaló a Internet como el último reducto de la libertad de prensa en Turquía. Aunque minoritarios, aseguró que subsisten algunos diarios digitales contrarios a Erdogan, así como plataformas de periodistas despedidos, que unen esfuerzos por seguir informando libremente. Estos medios, juntos a las redes sociales, constituyen los únicos vínculos de los ciudadanos turcos con la información plural. “Erdogan odia las redes sociales, especialmente Twitter. No puede controlarlas, pero como el proveedor de acceso a Internet es público, se las arregla para ralentizar o cortar el acceso, cuando hay noticias molestas para el régimen, como el caso de Dündar y Gul”, explicó el periodista.

“Nos parecía bien que rescatase a medios de situaciones de impago o quiebra. No entendimos lo que pasaba hasta que nos tocó a nosotros”, admitió. “Aprovecho para alertar contra todos los dictadores democráticos que están surgiendo en el mundo. No solo es Erdogan en Turquía: es Putin en Rusia; Modi en la India; u Orban, en Hungría, por citar a algunos”, agregó Balci.

En cuanto a cómo está reflejando la prensa turca la llegada de refugiados sirios, recordó que la ley en Turquía prohíbe referirse a ellos como “refugiados” y los tilda de “visitantes”, lo que les priva de su régimen de asilo y del respeto a los derechos humanos que conlleva.

Kerim Balci aprovechó para denunciar “el vergonzoso acuerdo alcanzado por la UE y Turquía” y expresó su pesimismo respecto a un mayor apoyo internacional a la deplorable situación de los medios en su país. “¿Si 3,5 millones de refugiados sirios no les importan nada, cómo vamos a importarles unos cuántos periodistas turcos?”