Miguel Morales, ‘De corazón': Sensibilidad y delicadeza al otro lado de Los Brincos

Algunos ya sentados, otros van entrando. La expectación crece en la sala Manuel de Falla de la SGAE a medida que pasan los minutos. Entre la audiencia se congregan caras más o menos conocidas de la generación pionera del pop madrileño; y personas diversas, sensibles todas ellas ante el evento que se anuncia. Porque otro de esos pioneros está a punto de subir al escenario… Y no, no se trata de una nueva rememoración de clásicos de la época dorada a cargo del veterano de turno; en esta ocasión, es Miguel Morales (líder de la actual formación de Los Brincos) quien ha venido a presentar ni más ni menos, y en estos tiempos, ¡un disco nuevo con temas inéditos!

Por Juan Manuel Moratinos

Es lo que hoy llaman un showcase, especie de miniconcierto. Un teclista, un bajista (Francis Cervera), un batería (Félix Arribas) y una voz femenina de apoyo; y con ellos, Miguel Morales a la guitarra acústica y voz.

“De corazón” como título y una simple imagen de Miguel con su sombrero y su guitarra en la portada. Todo sugiere que estamos ante uno de esos discos crepusculares labrados desde la erudición de un artista rodado en épocas y tendencias que viene a resumirnos su faceta más íntima. O acaso es un solista que, pertrechado en el seno de un grupo de aureola, se asoma de pronto para reivindicarse (¿un George Harrison despuntando de la ancha sombra de los Beatles?)… Es lo primero ante todo. Que Miguel Morales componía ya se apuntaba en los Brincos de la última hornada, hasta nada más entrados los setenta; eso sí, a la sombra del gran Fernando Arbex. Era el último baluarte de la familia Morales Barreto, una vez que sus hermanos Junior y Ricky habían abandonado el grupo, y alguna que otra bala en su recámara debería de guardar después de todo.

nuevo disco de Miguel Morales

nuevo disco de Miguel Morales

Pero no nos adelantemos; ahora estamos en vivo y en directo. Un leve desajuste técnico obliga a reiniciar la primera canción. Pero ya antes Miguel Morales nos ha anunciado que la primera mitad del show será instrumental y la segunda cantada. O sea, que estamos ante un álbum exquisitamente mixto. Lo que viene a continuación y la audición posterior del álbum bien pueden integrarse en un mismo relato.

Abre el disco el instrumental “Sueño en Granada” (1ª y 2ª parte): una melodía de cello sobre un aterciopelado arpegio de guitarra de Miguel con una posterior variación. Lo que, tras una primera escucha, augura un álbum chill out (dicho a groso modo) pronto nos advierte que es otra cosa. Sin abandonar territorios folkies, la voz quebradiza de Miguel emerge en “Lucas” y uno se acuerda, por ejemplo, de Cat Stevens. Lo mismo que “Night and day”, ésta con toques algo más celtas. Será porque a continuación llega el instrumental “Galicia”, que en consonancia con el título, ahonda más en esa sonoridad.

El fingerpicking de la guitarra de Morales se hace notar en el hermoso “Abril”, conduciendo la melodía mientras el cello sirve ahora de colchón al fondo. Preludio de una de las mejores piezas del disco, “Silver mornings, golden nights” que te retrotrae al mejor Neil Young post-“Harvest”. En tesitura similar suena “Thanks to the universe”, tejida, como la anterior, entre coros etéreos y perezosos riffs de guitarra.
Vuelta a los instrumentales: de “Ride with Larry (and Betty)” a “Tony’s smile” con un inicio con aires de bourrée de Bach y una coda briosa y elegante.

En “Goodbye fair” asoman un piano eléctrico y un órgano para colorear con acierto otra fina balada folk.
Y otro de los momentos mágicos llega a continuación con el envolvente “The trail of the sun” que podría haber firmado el trío America con plenas garantías.

El CD se cierra con el espléndido instrumental “Rainbow warrior”, no sé si con alusiones a Greenpeace, pero sí con la invitación a un viaje a través de diversos paisajes silvestres, rescatando antiguos ecos de “The Court of the Crimson King”, Ritchie Blackmore o joyas afines del rock sinfónico en su faceta más lírica.

De corazón

Todo en “De corazón” es sensibilidad y delicadeza, haciendo fiel honor al título. Y el enfoque del álbum es lo suficientemente honesto como para hacer virtud de cualquiera de sus teóricas deficiencias, desde la voz de Miguel hasta la calculada simplicidad de los arreglos (tal vez excesivamente monótona la cuerda en ocasiones, eso sí).

No incurriré en el tópico de definirlo como un disco relajante para escuchar tranquilo en casa, porque es bastante más que eso. Lo que Miguel Morales nos propone con él es más bien lo que decía al principio: el resumen de una música asimilada ocultamente en la trastienda de Los Brincos (o Barrabás) mientras bebe de las ricas fuentes del folk-rock de los años sesenta y setenta en su versión más acústica. Lo cual es mucho y bueno en medio del ruido imperante actual. A poco que lo escuches y tus oídos estén mínimamente limpios, este disco puede quedarse contigo para siempre. Palabra.

Author: Prensa

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