El urbanismo salvaje sigue destruyendo el mediterráneo

Después de unos años de ralentización en el sector inmobiliario los datos empiezan a hablar de repunte y, de nuevo la urbanización costera, mejor dicho la poca costa que queda en España sin construir va a ser objeto de la irracionalidad de un modelo económico de turismo que se basa en el presente más rancio y monetario antes que en generar un futuro sustentable respetando el mediambiente.

Este nuevo aumento de construcciones implicará una gestión del agua, de la electricidad y los residuos que será un grave problema para la biodiversidad y para el negocio del turismo aunque los tiburones neoliberales no lo crean así. Pero a ellos no les importa eso, buscarán otro lugar para lucrarse.

Ante este nuevo oscuro horizonte que se avisora, Greenpeace lanzó su campaña ‘Protección a toda costa’ para exigir protección para las zonas aún no construidas, pedir la eliminación de las infraestructuras ilegales y promover la protección de las aguas internacionales, etc.

Casi la mitad de la población española vive en la costa, y no hemos contado el turismo que este año llegará a más de 70 millones de visitas, lo que está reduciendo la biodiversidad rápidamente en algunas zonas de España. Precisamente, Málaga se encuentra a la cabeza de la urbanización costera frente a Tenerife, ubicado a la cola del ranking.

En el informe ‘Protección a toda costado’ Greenpeace se advierte de que solo un 27% de la costa española está protegida. Casi la mitad de la costa pública del Mediterráneo está destruida y las provincias con más litoral urbanizado son Barcelona, Alicante y Málaga.

Ante este panorama, Greenpeace también alerta de que la urbanización en la costa española ha crecido un 57% en los últimos 24 años. Además, en 24 años la urbanización en la costa ha crecido un 148% en Castellón, seguida por Granada con un 146% de crecimiento, un 118% Valencia y Cádiz con un 111%. Y ahora hay 52 tramos costeros con alto peligro de urbanización futura.

Todo un retroceso en cuanto a la sostenibilidad ya que parece que no se ha aprendido de los errores del pasado como el caso del Algarrobico en Carboneras, Almería o el caso de la costa de Murcia en el Mar Menor que está contaminado, casi muerto, debido el vertido de residuos urbanos y agrícolas.

“Los datos indican que no ha desaparecido el ansia por seguir ocupando los primeros kilómetros de costa y los alrededores de los parques naturales. La flexibilización de normativas como la nueva Ley de Costas, la Ley de Impacto Ambiental, la futura Ley del Suelo de Canarias y la indiferencia ante sentencias judiciales como en el hotel de El Algarrobico parecen ser los catalizadores de una segunda edad de oro para el ladrillo”, criticó Pilar Marcos, responsable en Greenpeace de la campaña Biodiversidad.

 

 

Author: Prensa

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