El presidente de España, Mariano Rajoy, está escondido y es un líder que no quiere ver. Es un político que no quiere asumir que en su partido está enquistada la corrupción y nunca ha querido enfrentarla. Ejemplos ya hay de sobra: La trama Gurtel, el robo en el Canal Isabel II, la prisión de ex dirigentes de Madrid como Enrique Granados por la Operación Púnica e Ignacio González por la Operación Lezo, que son personas muy cercanas a la ex presidenta de la Comunidad Esperanza Aguirre. Esta última ha sido obligada a dimitir como concejal por la presión ciudadana del caso Lezo.

Rajoy se apoya en sus 30% de votos que obtuvo en las elecciones pasadas que lo han elevado al poder y que son ciudadanos que pese a toda la suciedad y ladrones que se ha visto en las oficinas del PP  en el último tiempo les siguen apoyando. Por que el mal menor es la mejor opción y por que el país está generando empleo, empleo malo, pero empleo finalmente tras una pésima gestión de los socialistas de Rodríguez Zapatero.

El presidente está tan ciego y sordo que hace unos días atrás ante casi millar de miembros de Nuevas Generaciones en el XIV Congreso en Sevilla afrontó, no directamente eso sí, los graves problemas de corrupción de su partido que en el Partido Popular pero diciendo que “nadie nunca se ha portado mal en el Partido Popular”.  Esto significa que Rajoy ha apostado a morir con las botas puestas y que no le interesa mejorar la interna del partido. ¿Será que Rajoy sigue creyendo en ese tipo de acciones ilegales? El problema de todo esto es que nos muestra que Rajoy no tiene intención de solucionar los problemas de corrupción y que la suciedad seguirá hasta que él se vaya del partido.

Esperanza Aguirre, portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid, ya anunció que dimite y deja su acta de concejal. Mucho se le critica a Esperanza Aguirre su actuar pero finalmente ha hecho lo que tenía que hacer: renunciar a ser servidora pública, tras 20 años de trabajo, porque su actuar frente al robo del Estado madrileño en sus narices de sus más cercanos servidores fue nula e inepta.

“Tengo como norma de conducta no eludir mis responsabilidades. Por eso dimito”, dijo Aguirre mandando un mensaje a Rajoy.

La verdad es que desde el arresto de Ignacio González, su sucesor en la Comunidad de Madrid y su estrecho colaborador, por un supuesto caso de desvío de fondos en la empresa pública del Canal de Isabel II ha sido un golpe duro contra ella y no ha podido aguntarlo. Ha caído como una mosca sin decir ni una palabra más.

“Me siento engañada y traicionada por Ignacio González. No vigilé lo que debía”, agregó. “Mi manera de concebir la política como servicio a España y a los ciudadanos me lleva a asumir la responsabilidad que me corresponde por no haber vigilado a Ignacio González, por no haber descubierto antes lo que ahora ha descubierto la Guardia Civil y el Juez”, concluyó

En tanto,  Albert Rivera, el líder de Ciudadanos que apoya a Rajoy en el gobierno ha declarado en el Programa de Ana Rosa que “Aquí hay mucha basura. Si hay caza mayor es porque hay delincuentes. La Guardia Civil habla de organización criminal. Estamos ante un caso PP con diferentes ramas. No estamos ante el caso Aguirre, estamos ante el caso Gürtel, el caso Púnica, el caso Bárcenas… estamos ante el caso PP”, ha afirmado.

Además, Rivera ha hablado sobre la polémica por el Fiscal Anticorrupción que intentó acallar la investigación de Ignacin  González, ha comparado la dimisión de Aguirre con la del presidente de Murcia, Pedro Antonio Sánchez, que dimitió por negocios sucios pero sigue ahí como dirigente como si nada pasara: “Nos costó 45 días que el PP cumpliera lo firmado y dimitiera el presidente de Murcia. Parece que el PP tiene una doble vara de medir en los casos de corrupción y en función de si es pro Rajoy o crítica con Rajoy”.

Los hechos están a la vista: En el PP muchos se han portado mal. Entonces o Rajoy limpia el partido o tendrá que asumir llamar a elecciones o dimitir porque el país ya no aguanta pagarle a una panda de delincuentes.