El tema de los donativos de órganos volvió a estar en el centro de la polémica en Chile. Alejandra Adaros de 25 años, quien sufría de fibrosis quística, no alcanzó a recibir a tiempo el transplante de sus dos pulmones y murió la semana pasada en la Clínica Las Condes de la capital andina.

Siete meses debió esperar la ingeniera civil industrial para la cirugía y su deceso generó una crítica más que sobre Ley de Trasplantes 19.451. Esta impulsa y además destraba la donación de órganos al darle un carácter de donante a todos los mayores de edad que no hayan expresado en vida la voluntad contraria.

Sin embargo, el problema más grave es que de acuerdo a cifras del Registro Civil de Chile, desde el 15 de enero pasado, día que la ley se validó, hasta la tercera semana de mayo, sólo un total de 276.377 chilenos optaron por el Registro Nacional de No Donante, a través de un formulario que solicitan al obtener o renovar la cédula de identidad o el permiso de conducir.

Chile: País tercermundista en donante

  • Comparado con España, uno de los países que registran la más alta tasa de donación, donde hay 33,8 donantes por millón de habitantes, Chile parece un país tercermundista.
  • Pero es que no alcanza ni siquiera la media sudamericana ya que la tasa del 2007 fue de 7 donantes por millón de habitantes; esto es, sólo 116 donantes. Incluso en Colombia hay más donantes que en Chile: 23 por millón de habitantes y eso ya es un bajísimo índice.
  • La cifra es escasa si la comparamos incluso con el país más bajo de la Unión Europea, Suiza, que registra 11,8 donantes por millón de habitantes. La media de la UE llega a un índice de 18,8 donantes por millón de habitantes.

Según explicó a la web www.uv.cl, el neurólogo Juan Eurolo,  jefe de la cátedra de Neurología en la Universidad de Valparaíso y médico del hospital Carlos van Buren, la causa de esta negativa está en la poca aceptación que la cultura chilena tiene de la muerte.

Eurolo señaló a www.uv.cl que “la gente le tiene miedo a dos cosas con respecto a la muerte. Una es al dolor que se puede producir, y en segundo lugar, a lo que pasa después de morir. ¿Se acaba la conciencia junto con el cerebro? Mientras más cultura tiene la persona, más tranquila se queda respecto de este tema. Porque tiene claro que la conciencia está en el cerebro, de modo que sin cerebro no hay nada que hacer”.

Miedo al infierno o al cielo

En tanto el abogado Aldo Topasio, académico de la Escuela de Derecho de la UV, también cree que la cultura de la muerte que tiene el país andino, ligada al más allá o mejor dicho a un cielo o a un infierno, no le permite ser racional.

“Al equipo de médicos que va a certificar la muerte, dentro de los cuales la ley exige un neurólogo o un neurocirujano, le tiene que constar lo siguiente: que la persona no tenga ningún movimiento voluntario. Que si ha estado con ventilación mecánica, una vez desconectada del ventilador no tenga respiración después de los tres minutos de desconexión, y ausencia de reflejos troncoencefálicos. Una vez que se tiene certeza total de todos estos elementos concurrentes, ya se puede certificar la muerte».

«Ahora, pienso que ése es el punto que puede dificultar a las personas tomar la decisión de donar o no donar. Porque allí se entrelazan elementos muy válidos, probablemente de origen religioso, y la persona puede tener dudas de si la certificación es exacta. Es decir, con todo el cientifismo que puede tener el equipo médico, con toda su calidad científica, aun así la persona puede tener reservas. Es que se enfrenta a un problema que es permanente en el ser humano. Que es la existencia, el problema de la disposición del propio cuerpo. Puede resultar difícil”, explicó Aldo a la web www.uv.cl.

“Con todo, creo que estadísticamente se dan poco estas situaciones. Creo que el problema está en que para estos efectos la gente se muere menos. Hay que pensar que se trata de personas sanas, generalmente jóvenes. Esto va reduciendo la posibilidad”, agrega Topasio sobre porque hay pocos donantes en Chile.

Asimismo, la negativa de los familiares a donar órganos es debido a la esperanza que se tiene de que el paciente con muerte cerebral pudiera revivir. Esto se debe a ese pensamiento católico de que se puede levantar de un día para otro, como Lázaro.

“La gente no sabe que la muerte no es un acto, no es un momento. Es un proceso. Nadie muere de un viaje, aunque le hayan cortado la cabeza en una guillotina. El cerebro, sin sangre, no se demora más de tres minutos en morir, y ya desde el primer segundo está en coma. Muriendo el cerebro, la persona está muerta. Ahora, el resto es lo que tiene que venir. Hasta quince días después de morir, siguen creciendo las uñas y el pelo, y los músculos incluso podrían revivir. Es complejo, y es un proceso”, señala Eurolo.

20% de los chilenos son contrarios a donar

Alejandra Adaros se había agravado el martes cuando una hemorragia interna la sacó de la lista de prioridades. Pero la aparición de un donante sumada a una leve mejoría en su condición en las últimas horas de esa jornada le permitió a los especialistas intentar el procedimiento. Cinco horas de duración le provocó una falla multisistémica irreversible.

Por su parte, Ernesto Palm, gerente general de la Corporación del Trasplante, declaró a www.lanacion.cl  que “es absolutamente normal (la cantidad de inscritos). La donación de órganos es un tema complicado y es entendible que exista gente que no acepta donar”.

Palm infórmó que de acuerdo a cifras que maneja, un 20% de la población es contraria a ser donante. “Si lo trasladamos al total nacional, eso representa tres millones de personas, por lo que 270 mil, si bien no es lo ideal, todavía significa una cifra baja”.

Aunque la verdadera preocupación que tiene Palm es crear mecanismos para reducir una lista de espera que actualmente bordea los 1.800 pacientes y una campaña educativa que promueva la donación entre la gente chilena.

más info y datos en www.uv.cl/pdn. owww.donante.cl/como-ser-donante/