La Casa Encendida de Madrid abre al público la exposición El ojo eléctrico, una selección de la Colección Treger/Saint Silvestre considerada una de las colecciones privadas de Art Brut más completas del mundo.

La muestra de 41 creadores, que durará hasta el 5 de enero, proviene del centro de Arte portugués Oliva (São João da Madeira) desde 2014.

La expo se compone obras de 41 creadores pertenecientes a la Colección Treger/Saint Silvestre (con más de mil artistas outsiders o marginales), una de las más completas del mundo de Art Brut. Todas provienen del Centro portugués de Arte Oliva (São João da Madeira) desde 2014

En tanto, los artistas seleccionados actúan, en muchas ocasiones, como mediadores entre el mundo racional y otro desconocido. Realizan un viaje de ida y vuelta entre dimensiones o entre una realidad visible e invisible. Por ello son el misterio, el esoterismo y la presencia oculta en el arte los tema a tratar en la costra.

ART BRUT Y MARGINAL

Por su parte, las comisarias Pilar Soler y Antonia Gaeta han seleccionado 78 obras de como Martín Ramírez (México 1895-1963), Jaime Fernandes (Portugal 1899- 1968), C.V.M. (Portugal, 1972), y a Óscar Morales (Chile 1951). También están presentes Agatha Wojciechowsky (Alemania, 1896-1986), Friedrich Schröder-Sonnenstern (Lituânia, 1892-1982) o Madge Gill (Inglaterra 1882-1961).

Los seleccionados forman parte del Art Brut, pero siguen las ideas que comenzaron a aparecer en el siglo XIX y que abren la puerta a “lo maravilloso”. Algunos se incluyeron en discursos de vanguardia de la primera mitad del siglo XX como Wölfli, Scottie Wilson, Lesage, Friedrich Schröder-Sonnenstern o Fleury-Joseph Crépin.

Otros aparecen hoy en bienales junto a discursos de arte contemporáneo como Bruly Bouabré, Albino Braz o Vasilij Romanenkov. También aparecen artistas que actúan como médiums como Madge Gill, Agatha Wojciechowsky, Anna Zemánkova, Guo Fengyi, Nina Karasek o Margarethe Held.

Además hay profetas como Aníbal Brizuela o Adelhyd van Bender; cosmogonías como las de Janko Domsic o John Urho Kemp. Ejemplos de mensajes encriptados y secretos como los de Harald Stoffers, Melvin Way o Beverly Baker. Y obras que funcionan como elementos mágicos como las de Hort Ademeit o Raimundo Camilo.

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GENIO + LOCURA = ARTE

No se puede comprender el Art Brut sin conocer las ideas que están detrás de su origen. La teoría aristotélica, según la cual el genio y la locura son estados indisociables, o la exploración del inconsciente de finales del siglo XIX hasta mediados del XX.

El término Art Brut fue creado por Jean Dubuffet en 1945 para referirse al arte creado fuera de los límites de la cultura oficial. El interés de Dubuffet se dirigía hacia las manifestaciones artísticas llevadas a cabo por pacientes de hospitales psiquiátricos. Artistas marginales que desarrollaban su creación sin ningún contacto con las instituciones artísticas establecidas.

En un principio se le llamo “el arte de los locos, los médiums, de personalidades extraordinarias invadidas de fiebre creadora”. Sin embargo, en la actualidad el Art Brut forma parte de las colecciones de los grandes museos del mundo. Desde el MoMa, el Pompidou o la Tate Modern. En 2013 apareció por primera vez en la Bienal de Venecia generando un fuerte discurso y bibliografía en torno al mismo. Este movimiento artístico, que influenció a gran número de artistas de las vanguardias de principio del siglo XX, se ha convertido en el siglo XXI en una de las vertientes más vivas del arte contemporáneo.

CUESTIONARSE LOS LÍMITES DE LA RAZÓN

La exposición que recala en La Casa Encendida de Madrid cuestiona los límites de la razón a través de diferentes mensajes codificados, fórmulas, figuras inventadas y códigos secretos. Es que siempre queda algo oculto que se convierte en enigma. El proyecto expositivo pensado en esos términos, muestra la fuerza de los procesos subjetivos, obsesiones compulsivas y visiones fantásticas.

En la muestra se acentúa la imposibilidad de descifrar en su totalidad el mensaje inscrito en las obras. Esto se debe a que muchas veces los artistas actúan como mediadores entre el mundo racional y otro desconocido o quizás trascendental.

Todas las obras al final se convierten en relatos del inconsciente y asumen, sin querer, aspectos subversivos ante el discurso del orden establecido.